La Caldera

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EL ENTORNO DE GOYENECHE NO SE DA POR VENCIDO. PLANEAN DENUNCIA POR DADIVAS A LA JUEZA MEDINA

Si Susana Medina “zafa” del juicio político en Diputados, el caso no se termina: cambia de terreno.

En la Legislatura el trámite aparece encaminado al archivo, con una dinámica cada vez más controlada y sin la energía que tendría un proceso realmente orientado a acusar. Eso, en la lectura política de Paraná, significa una cosa: el juicio político se apaga por falta de voluntad.

Pero el archivo no borra lo que ya quedó instalado. Medina, ante la Cámara de Diputados, habló de viajes al exterior costeados por un tercero, en términos que se leyeron como “regalos” o invitaciones.

Ese punto, dicho en sede parlamentaria y ya circulando públicamente, opera como bisagra: si no hay sanción institucional por la vía política, queda una plataforma perfecta para rearmar el conflicto por otra vía.

Ahí aparece el movimiento que hoy se comenta en los pasillos y en el ecosistema judicial: el entorno de Cecilia Goyeneche planea mudar el caso Medina a tribunales, corriendo el eje desde el desempeño institucional hacia la hipótesis penal.

No sería una continuación del juicio político “por otros medios”, sino otra batalla con otras reglas, donde el núcleo fáctico se reinterpreta en clave de dádivas: la aceptación de beneficios o regalos en consideración del cargo, y la pregunta inevitable sobre qué significa —en términos de ética pública y eventualmente de tipicidad— que una vocal del Superior Tribunal reciba viajes al exterior financiados por un tercero.

La lógica es cruda: si Diputados archiva, alguien tiene que sostener el costo de haber dejado pasar un hecho que, por su sola apariencia, erosiona la credibilidad del máximo tribunal provincial. Y en Entre Ríos las internas no se resuelven con silencios; se resuelven con expedientes.

Por eso el caso, lejos de cerrarse, queda disponible para una reconfiguración: el juicio político puede naufragar, pero el material que lo alimentó puede convertirse en el disparador de una denuncia penal, o al menos en una amenaza verosímil para condicionar, disciplinar y redefinir posiciones de poder.

En definitiva, lo que está en juego ya no es solamente Medina. Es quién controla el tablero, quién impone el relato y quién queda en condiciones de marcar la agenda judicial en la provincia. Si el juicio político no avanza, el mensaje no es “paz”: es que el conflicto se muda. Y cuando se muda a tribunales, no se discute solamente reputación: se discuten responsabilidades.