La Caldera

POLITICA – ECONOMIA – DEPORTES

Con Espinoza adelante, intendentes peronistas Entrerrianos fueron a pelear lo que no pelean en Entre Ríos

Los intendentes peronistas entrerrianos viajaron a Buenos Aires para marchar junto a Fernando Espinoza y la FAM en reclamo por la caída de la coparticipación y la paralización de obras. La escena existió, la consigna también. Pero el problema no es el viaje: es la impostura. Porque varios de los que fueron a posar como víctimas del ajuste nacional llevan meses, y en algunos casos años, administrando una convivencia bastante cómoda con el poder provincial. No fueron a encabezar una rebelión federal. Fueron a tercerizar culpas, a compartir cartel con La Matanza y a disimular que en Entre Ríos no se animan a discutir en serio ni con Frigerio ni con sus propios fracasos.

Rosario Romero es el caso más visible. Puede reclamar fondos, sí. Lo que no puede hacer es pretender que una caminata en Capital tape el balance de Paraná. En dos años y medio no logró resolver lo más básico de una capital: agua, calles, pozos, deterioro urbano y una gestión que vive anunciando soluciones estructurales mientras los vecinos siguen esperando. Hasta lo que quiso vender como gran vidriera política terminó expuesto. La Fiesta del Mate con Lali se promocionó como gran apuesta, generó polémica pública por sus costos y ni siquiera rindió en términos políticos como se esperaba: mucho despliegue, mucha plata, mucha venta de relato, pero Paraná siguió siendo la ciudad de los problemas de siempre.

Adrián Fuertes, ahora presidente de la Liga de Intendentes del PJ, quiere mostrarse como jefe de una nueva etapa opositora. Pero su trayectoria política hace difícil venderlo como símbolo de coherencia. En Entre Ríos ya casi no sorprende: siempre encuentra dónde pararse, cómo caer de pie y cómo hablar fuerte cuando cambió el viento. Más que un conductor de rebeldías, parece el administrador profesional del acomodo. Y eso, en una etapa donde haría falta firmeza real, suena a oportunismo de manual.

Isa Castagnino tampoco puede disfrazar de épica lo que en Victoria se ve todos los días. Ella misma admitió que la ciudad no tiene obras nuevas en el presupuesto provincial 2026 y que arrastra problemas serios, incluso vinculados al agua. Con ese panorama, subirse a una excursión con Espinoza no la fortalece: la muestra sin respaldo, sin recursos y con una gestión que todavía no hace pie. Victoria no necesita una intendenta en modo comitiva; necesita una conducción que ordene, gestione y deje de funcionar como refugio de una interna que perdió poder y busca dónde caer parada.

Fabricio Mesquida también quedó atrapado en su propia contradicción. Hace poco exaltaba a Rosario Romero como “líder natural” del peronismo entrerriano. Ahora marcha como si recién descubriera que los municipios están asfixiados, cuando vaya a su ciudad luego de estos meses de campañla con Romero, quizas escuche los reclamos permanenetes de una ciudad abandonada.

No hay convicción ahí: hay seguidismo. Y cuando un intendente elige ser aplaudidor de una conducción floja en vez de construir voz propia, después no puede quejarse si termina perdido en una foto ajena.

Mauro Díaz Chávez encarna otro problema del peronismo entrerriano: dirigentes que quieren discutir poder provincial sin haber ordenado siquiera su propio pago chico. Viene de una derrota durísima en un territorio mínimo, una de esas palizas que no admiten maquillaje. Y aun así se lo empuja a la mesa grande como si representara algo más que una necesidad de aparato. Cuando una fuerza política confunde militancia de superficie con representación real, termina exactamente en esto: yendo detrás de Espinoza para pedir volumen prestado.

De Laura Rupp y del resto también vale decir lo mismo: antes de viajar a reclamar federalismo deberían hacer autocrítica. En pueblos chicos, en ciudades medianas y en capitales, la política se mide por resultados, no por comunicados ni excursiones partidarias. Y hoy muchos de estos intendentes no pueden exhibir ni orden de gestión ni autoridad política ni independencia real. Demasiados silencios adentro de Entre Ríos, demasiada comodidad con Frigerio cuando convino, demasiado discurso encendido recién cuando la caja aprieta.

Por eso la imagen junto a Fernando Espinoza no los agranda. Los hunde. Porque los muestra dependientes, sin agenda propia y sin coraje para admitir lo obvio: parte del problema también son ellos. No alcanza con ir a Buenos Aires a reclamar plata. Primero tienen que explicar qué hicieron con el poder que ya tienen, por qué administran tan mal lo básico y por qué muchos de ellos, más que adversarios de Frigerio, fueron hasta acá socios tácticos de una convivencia que ahora les resulta incómoda.