La llamada Fiesta del Mate terminó siendo, más que nada, una tertulia de palco político. Hasta las 19 hs todavía se veía el circuito de “preferenciales”, pulseritas, accesos selectivos y la foto de intendentes, funcionarios y amigos del poder. Un acto con música de fondo.
La mística del mate no apareció nunca. No hubo identidad: hubo grilla. Y el dato que explica todo: muchísima gente no fue “a la Fiesta del Mate”, fue a ver a Lali. Se movieron combis desde distintos puntos de Entre Ríos y también desde provincias vecinas, viaje de ida y vuelta, como excursión al “show gratis”.
Pero ni siquiera eso les dejó marca. Lali no prestó su imagen a la Fiesta del Mate: no se pudo instalar la promoción con su cara asociada al evento, no hubo un gesto mínimo que construya pertenencia. Ni un mate, ni un guiño a Entre Ríos en agenda nacional. Conoció el hotel, el traslado y el escenario. Fin.
Y encima vino el delirio estadístico: Canal 9 tiró 70 mil y Elonce 120 mil. Inflación de relato. En el mundo real, si fueron 40 mil, igual es muchísimo… pero no necesitaba mentira.
Mientras tanto, Paraná no “hace agua”: hay barrios con semanas sin agua, con vecinos denunciando 45 días sin servicio normal.
Entonces aparece lo inevitable: si no hubo identidad, queda lo serio. La factura. Porque en estos festivales el curro grande rara vez está solo en el artista: está en el escenario, el montaje, la técnica, las pantallas, el sonido, la logística y los proveedores. En este caso, el escenario estuvo montado por PIETROMEDIA (Pietro Boni / Pietroboni), apellido que en Paraná suena recurrente cuando se habla de contrataciones “amigas” y beneficiarios del Estado. (PIETROMEDIA S.R.L. figura en registros públicos).
Y el papel del 9 y el Once fue un capítulo aparte: dos canales históricamente pegados al peronismo que ni siquiera pudieron capitalizar el show con imágenes y, encima, aportaron su cuota de bajeza con el exabrupto —el clip del insulto a Milei, mucho grito de tribuna y cero periodismo útil. Canal 9, en Paraná, se asocia al manejo de Jorge Aníbal “Mario” Pérez; y sobre el Once corre el comentario de que el bustista “Lechuza” Sánchez lo habría vendido y hoy se regentea con otra billetera “pesada”, con su “Grupo Octógono”.
La fiesta se apagó. El mate no apareció. La ciudad sigue sin agua. Ahora viene lo único serio: abrir los números completos —artistas, técnica, montaje, proveedores, concesiones— y decir, sin relato, quién facturó y cuánto. Porque el telón baja, pero la cuenta… siempre queda.























