El Partido Justicialista de Entre Ríos formalizó el corrimiento que coloca a Silvia Moreno al frente de la presidencia del Consejo Provincial, tras la licencia de José Cáceres. Pero lo que en lo formal aparece como un reemplazo administrativo, en lo político se convierte en un movimiento cargado de simbolismo.
Moreno, exintendenta de Feliciano y dirigente identificada con el espacio de Gustavo Bordet, queda al mando del sello partidario en uno de los momentos más delicados del peronismo entrerriano. No es una figura neutra ni de consenso amplio: su nombre quedó vinculado políticamente a la etapa legislativa presidida por Ángel Giano, período en el que la Cámara de Diputados fue objeto de fuertes cuestionamientos públicos por la cantidad y modalidad de contrataciones de asesores.
Durante aquella gestión se habló de más de 250 contratos en determinadas áreas vinculadas al esquema político interno, lo que generó denuncias mediáticas y críticas opositoras sobre el uso de recursos y la transparencia en la estructura legislativa. Si bien no todas esas designaciones derivaron en procesos judiciales con condena, el impacto político fue significativo y alimentó el clima de desconfianza hacia la dirigencia partidaria.
Que hoy quien fue parte de ese esquema asuma la presidencia del PJ provincial no es un dato menor.
Un peronismo en crisis que se repliega sobre sí mismo
La llegada de Moreno se produce en un contexto de:
- Derrotas territoriales importantes.
- Salida de sectores sindicales vinculados a UPCN.
- Tensiones internas con dirigentes que se niegan a dejar cargos orgánicos.
- Reclamos de renovación que hasta ahora no se traducen en cambios profundos.
Lejos de representar una apertura o un recambio generacional, el corrimiento consolida a una dirigente asociada al núcleo de poder de los últimos años.
Acuerdo político, no renovación
Dentro del PJ nadie interpreta este movimiento como casual. Moreno es considerada parte del esquema bordetista y su ascenso transitorio al mando del partido se lee como parte de un equilibrio interno entre sectores que buscan conservar el control del aparato sin abrir una interna que podría fracturar aún más al peronismo.
Mientras tanto, los sectores críticos sostienen que el partido necesita una reconstrucción profunda y no la continuidad de los mismos nombres que estuvieron al frente en el período previo a la derrota electoral.
El mensaje que se envía
El dato político es claro: en medio de cuestionamientos por contrataciones, derrotas y pérdida de representatividad, el PJ entrerriano elige reordenarse con figuras del mismo esquema que condujo en los años anteriores.
No es un cambio de rumbo.
Es una administración del poder hacia adentro.
Y en política, cuando un partido en crisis decide cerrarse sobre su propia estructura, el mensaje hacia afuera no suele ser el de renovación, sino el de supervivencia.





















