La Caldera

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CASTHERIAN: FRIGERIO REACOMADA A LOS EX LEGISLADORES QUE DEJARON LA BANCA EN DICIEMBRE

En Entre Ríos, la palabra “recambio” se usa mucho y se practica poco. El libreto promete renovación, austeridad y un corte con las lógicas de la política tradicional. Pero los hechos, otra vez, muestran lo contrario: mandatos que terminan y carreras que siguen, siempre, dentro del Estado.

En las últimas semanas se acumularon tres reacomodamientos de ex legisladores vinculados al oficialismo provincial. El ex senador De Angelis (primo de MOINE) que, tras finalizar su período, consigue un lugar como asesor con planta transitoria en el Senado. La ex diputada de Gualeguay Marcela Antola (se ve que le gusto CAPITAL) que, con su mandato concluido, es designada como segunda representante del gobierno entrerriano en Capital Federal detras del PERONISTA MOULIA, formalizado administrativamente. Y un ex diputado que admite conversaciones para sumarse al gobierno, es decir: otro aterrizaje en la estructura pública.

Los nombres pueden variar, los cargos también. El mecanismo es siempre el mismo: la política se protege a sí misma. No se discute si las designaciones son legales. La legalidad administrativa no es sinónimo de legitimidad política. Lo que se discute es el mensaje: mientras se cuestiona a la “casta” en el discurso, se la reproduce en la práctica.

Porque si la salida natural de un mandato electivo no es volver al trabajo privado, a la actividad profesional o al llano político, sino encontrar un nuevo escritorio estatal, entonces no hay alternancia real: hay circuito cerrado. Y ese circuito se paga con recursos públicos.

Hay un problema adicional: este tipo de reacomodamientos no solo irrita por la forma, sino por el contexto. En una provincia donde se exige ajuste, donde se reclama eficiencia y donde la ciudadanía siente que cada vez cuesta más llegar a fin de mes, la “solución” para una dirigencia que termina su mandato parece ser siempre la misma: que el Estado la absorba.

Eso es lo que convierte al Estado en botín, no en herramienta. Y eso es lo que convierte al recambio en maquillaje.

Si el cambio es real, debería notarse en lo más básico: terminó el mandato, terminó el privilegio. Lo contrario —terminó el mandato y empezó otro cargo— es, exactamente, lo que la sociedad identifica como “casta”.