El hombre que contruyo una maquinaria que desvío 53 millones de dolares y que busca devolver al viejo régimen al poder detrás de Rosario Romero.
Rosario Romero volvió de Parque Norte con algo más importante que una foto. Volvió, según relató el portal Ricardo David, con un “sí” político para empezar a caminar seriamente una candidatura a gobernadora en 2027. Y entre los dirigentes que más empujaron esa construcción apareció José Eduardo Lauritto, hoy convertido nuevamente en uno de las grandes APUESTAS del PJ entrerriano.
No fue una reunión de “equipos técnicos”, como intentaron venderla. Fue una reunión de sobrevivientes políticos. Los mismos nombres que gobernaron Entre Ríos durante dos décadas, perdieron en 2023 y ahora intentan reciclarse como renovación. Bordetistas, urribarristas, massistas, camporistas y viejos administradores del aparato provincial sentados alrededor de Rosario Romero viajaron a Parque Norte volvieron y empiezan a construir un relato como si nada hubiera pasado.
Y ahí aparece el problema de fondo: cuando vuelve Laurito, no vuelve solamente un dirigente. Vuelve un modelo de poder.
Porque Laurito ya no puede ser presentado únicamente como el dirigente moderado de Concepción del Uruguay o el hombre del diálogo permanente. Su nombre quedó inevitablemente ligado al período en el que la Legislatura entrerriana se convirtió en el corazón del sistema de contratos truchos más grande de la historia provincial.
No fue el inventor del mecanismo. Las prácticas de contratos políticos, prestanombres y estructuras paralelas venían desde antes, particularmente desde la etapa de Pedro Guastavino, que terminó siendo el único dirigente político de primera línea formalmente imputado en la causa, al menos por unos dias ya que los prestanombre tenian en su poder tarjetas de cobro del SENADO de el y de Sigrid Kunath. Pero fue durante la llegada de Lauritto a la Vicegobernación y a la Presidencia del Senado, en 2007, cuando ese sistema dejó de ser desordenado y pasó a convertirse en una estructura institucionalizada.
Laurito no enseñó el sistema: lo organizó.
Lo convirtió en una arquitectura política estable. Bajo su presidencia, la Legislatura dejó de manejar simples contratos políticos y pasó a operar una verdadera contabilidad paralela sostenida con prestanombres, contratos falsos, cuentas sueldo, cheques, tarjetas de débito y estudios contables que permitían retirar dinero público en efectivo.
El esquema era rústico, pero extraordinariamente eficaz. Contratados que no trabajaban, personas que prestaban el nombre, retornos, circuitos administrativos y dinero que desaparecía desde el presupuesto legislativo hacia una caja política que funcionó durante años con una naturalidad obscena.
Ahí aparece Juan Domingo Orabona, pieza central del engranaje administrativo y contable. No como un simple contador perdido dentro del Senado, sino como parte de la estructura técnica que permitió transformar los contratos legislativos en un sistema de recaudación de la corrupción permanente.
Sin contadores, sin firmas administrativas y sin conducción política desde arriba, una maniobra así no podría haber funcionado durante una década.
Por eso la gran pregunta nunca fue solamente judicial. Fue política.¿Nadie veía nada?¿Nadie controlaba los contratos?¿Nadie sabía que una porción gigantesca del presupuesto legislativo terminaba en estructuras irregulares?¿Nadie sospechaba cuando aparecían prestanombres, retiros masivos de efectivo y estudios contables manejando contratos públicos?
La respuesta parece demasiado evidente. Lo sabían o eligieron no saberlo.Porque el sistema sobrevivió durante años gracias a un acuerdo tácito de silencio político.
Oficialismo y oposición aprobaban presupuestos, convivían con el mecanismo y miraban para otro lado mientras la Legislatura funcionaba como una caja negra de financiamiento político.
Y ahora muchos de esos mismos nombres reaparecen alrededor de Rosario Romero.
La intendenta de Paraná intenta mostrarse como una dirigente moderna, razonable y competitiva para enfrentar a Frigerio en 2027. Pero la foto de Parque Norte mostró otra cosa: mostró que Romero representa el viejo aparato del PJ entrerriano.
Laurito aparece como uno de los más activos impulsores de esa candidatura y ya nadie descarta que busque ocupar un lugar central en una futura fórmula provincial.
Por eso la sociedad tiene derecho a preguntarse qué significa realmente el regreso de Laurito al centro del escenario.
Porque cuando vuelve el hombre que organizó políticamente la Legislatura durante los años de los contratos truchos, lo que vuelve no es solamente experiencia.
Puede volver la vieja lógica de la caja.Puede volver la estructura de silencios.Puede volver el sistema donde todos sabían, nadie controlaba y el dinero público desaparecía detrás de contratos falsos, prestanombres y contabilidades paralelas.
El PJ quiere presentar esa foto como unidad. Pero para muchos entrerrianos esa imagen se parece demasiado a otra cosa:la reunión de los administradores del sistema que convirtió la Legislatura en una máquina de recaudación y corrupcion.






















