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Jorge Mesquida: de concejal radical a intendente peronista ñoqui

Jorge Mesquida es el manual del político sin ideología: empezó en la UCR, terminó en el peronismo y en el camino nunca soltó el Estado. Cambia de partido, pero no de privilegios.

Arrancó como concejal radical, pero cuando entendió por dónde pasaba el poder en Entre Ríos, pegó el salto al urribarrismo y se acomodó sin escalas. Desde entonces, su carrera no fue política: fue administrativa. Siempre cerca de un cargo, siempre cerca de un sueldo, siempre dentro del sistema.

Mientras ocupaba funciones públicas, fue incorporado a la planta permanente de la Caja de Jubilaciones, donde incluso ascendió. Y como si no alcanzara, también apareció beneficiado con un nombramiento en el Senado, en el paquete de designaciones que dejó Laura Stratta antes de irse, cuando salió a la luz el festival de acomodos en la Legislatura.

Pero Mesquida no es un caso aislado. Es parte de un esquema. El mismo donde aparecen nombres como Isa Castagnino, Víctor Sanzberro y Gonzalo García Garro, todos orbitando en un sistema donde los cargos se reparten entre los propios mientras el resto mira desde afuera.

No es política. Es supervivencia con recursos públicos. No es gestión. Es acomodo.

Mesquida pasó de radical a peronista. Pero en realidad siempre fue lo mismo: un ñoqui del poder, con cargo asegurado sin importar quién gobierne.