Guillermo Michel parece haberse convertido en un coleccionista de archivos judiciales. Denuncia tras denuncia, expediente tras expediente, las investigaciones se cierran y sus defensores celebran cada resolución como si fuera una absolución política definitiva.
Pero un archivo no responde preguntas. Un archivo simplemente significa que, para la Fiscalía interviniente, no existieron elementos suficientes para avanzar.
Mientras tanto, las dudas siguen creciendo.
Porque en Entre Ríos no se habla solamente de expedientes. Se habla de poder, de dinero y de un crecimiento patrimonial que genera comentarios permanentes en la política provincial. Se habla de campos, de estaciones de servicio, de negocios y de recursos que parecen multiplicarse a una velocidad muy superior a la que experimenta cualquier ciudadano común.
Los archivos judiciales podrán acumularse en los despachos. Las preguntas, en cambio, siguen acumulándose en la calle.
Quienes investigan estos temas no consideran que la discusión esté terminada. Al contrario. Sostienen que cada archivo obliga a buscar más información, más documentación y más pruebas.
La política entrerriana conoce desde hace años los rumores, las versiones y las historias que circulan alrededor del poder económico de determinados dirigentes. Lo que todavía no aparece son explicaciones capaces de terminar definitivamente con esas sospechas.
Por eso el debate sigue abierto.
Porque los expedientes pueden archivarse.
Las preguntas no.
Editorial – La Caldera
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