La Caldera

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Concepción del Uruguay también: caños rotos, barrios sin presión y vecinos esperando agua

Caricatura de José Lauritto junto a un caño roto y vecinos con baldes por los cortes de agua en Concepción del Uruguay

La Histórica también quedó atrapada en la crisis del agua. Una rotura en el caño principal de la toma paralizó la planta potabilizadora, dejó afectado el servicio en toda la ciudad y, aun después de la reparación, varios barrios siguieron reclamando baja presión y falta de abastecimiento.

Paraná no fue la única ciudad entrerriana que esta semana volvió a medir la gestión del agua con baldes, tanques vacíos y paciencia agotada.

En Concepción del Uruguay, el problema también pegó donde más duele: en el suministro básico. La rotura del caño principal de la toma de agua, a pocos metros del ingreso al Arroyo Molino, dejó sin ingreso de agua a la planta potabilizadora y afectó el servicio en toda la ciudad.

El dato no es menor. No se trató de una pérdida barrial ni de una baja presión aislada. Fue el caño que transporta el agua desde la toma hasta la planta, es decir, una pieza central del sistema. Cuando ese tramo falla, no se afecta solamente una esquina: se frena el corazón del abastecimiento.

La explicación oficial habló de una zona de difícil acceso, en el monte costero, a más de 400 metros de la toma. Hubo que ingresar con retroexcavadoras, maquinaria pesada, personal municipal y empresas privadas colaborando. También se trabajó durante la noche con grupos electrógenos mientras se evaluaba si alcanzaba con reparar o había que reemplazar un tramo de la cañería.

Otra vez, la misma escena: primero el daño, después la urgencia, después el pedido de paciencia.

El miércoles 8 de julio, después de las pruebas sobre el caño reparado, volvió a ingresar agua a la planta potabilizadora. La normalización, como suele pasar, fue anunciada como progresiva: primero las zonas cercanas, después las más alejadas y altas. Pero en la vida real esa palabra significa otra cosa. Significa esperar. Significa abrir la canilla y no saber si va a salir agua, aire o barro. Significa cuidar lo poco que queda en el tanque porque nadie sabe exactamente cuándo vuelve la presión.

Para colmo, los reclamos no terminaron con la reparación. En barrios como Bajada Grande, María Auxiliadora, Vicoer y Mataderos siguieron los problemas de presión. La explicación fue que esos sectores dependen de la cisterna y el tanque de María Auxiliadora, y que la demanda elevada impide cubrir toda la zona con normalidad.

Pero al vecino no le alcanza que le expliquen el recorrido hidráulico del agua. El vecino necesita agua.

Y mientras se pedía uso responsable, también aparecieron reclamos por pérdidas visibles en la red, como el caño roto en Alberdi y 21 de Noviembre. Ahí la contradicción se vuelve insoportable: familias con poca presión, barrios que no alcanzan a recuperar el servicio y, al mismo tiempo, agua potable corriendo por la calle.

Concepción del Uruguay ya venía con antecedentes recientes de baja presión, agua turbia y reclamos por mala calidad del suministro. Vecinos habían advertido que el agua salía amarillenta, con sabor a tierra, y que en algunos sectores el problema se arrastraba desde hacía meses. Esta nueva rotura no aparece, entonces, como un rayo en cielo sereno. Aparece como otro síntoma de una red que viene pidiendo inversión, diagnóstico y respuestas antes de la emergencia.

Y hay un dato que vuelve más incómoda la discusión: Concepción del Uruguay no viene de cero. Hace casi una década se hablaba del Plan Maestro de Agua Potable, con obras importantes para mejorar la toma, la producción, la distribución, las cisternas y la presión en distintos sectores de la ciudad. Es decir: la ciudad ya tuvo anuncios, etapas, inversiones y promesas de solución estructural. Por eso la pregunta duele más: si hubo obra importante, si hubo plan maestro, si hubo caños, cisternas y tanques pensados para mejorar el sistema, ¿por qué una rotura crítica todavía puede dejar a la ciudad entera mirando la canilla?

José Lauritto gobierna una ciudad con peso histórico, pero los vecinos no viven de la historia. Viven de servicios concretos. Y el agua es el primero de todos.

Una ciudad puede tener una rotura. Lo que no puede es acostumbrarse a que cada rotura se transforme en incertidumbre general, barrios sin presión, camiones, reclamos y partes oficiales que llegan siempre después del problema. La pregunta ya no es solo cuándo vuelve el agua. La pregunta es qué plan existe para que no vuelva a faltar.

Porque cuando una ciudad depende de que no falle un caño escondido en el monte costero, cuando una planta queda paralizada por una rotura crítica y cuando los barrios altos son siempre los últimos en recuperar presión, el problema deja de ser técnico y se vuelve político.

En Paraná, el agua llegó en camión. En Concepción del Uruguay, la planta quedó paralizada por un caño roto y los barrios siguieron reclamando presión.

Distintas ciudades, misma señal de alarma: en Entre Ríos, el agua potable está mostrando la factura de años de parches, demoras y redes fatigadas.

Y esa factura la pagan los vecinos, canilla por canilla.