La reunión política anunciada en Gualeguaychú entre Guillermo Michel, Miguel Ángel Pichetto y Victoria Tolosa Paz no parece el lanzamiento de una renovación del peronismo, sino más bien la convocatoria de un viejo tren fantasma de la política argentina.
En el centro de la escena aparece Guillermo Michel, dirigente que hoy busca posicionarse como candidato en las próximas elecciones, acaso a gobernador, acaso a vicegobernador, o al menos como una de las figuras fuertes de este armado peronista que pretende volver a venderse como novedad cuando en realidad huele a estructura vieja, a rosca reciclada y a naftalina.
Uno de los invitados centrales es Miguel Ángel Pichetto, emblema de la elasticidad política argentina. Durante años fue uno de los grandes operadores del peronismo en el Senado; después se fue con Mauricio Macri y fue su candidato a vicepresidente; más tarde recaló en un organismo de control del Estado; luego volvió al Congreso como diputado, siempre encontrando una boleta, una banca o una estructura desde la cual seguir prendido al sistema. Ahora, cuando el escenario vuelve a moverse, vuelve a arrimarse al PJ, como quien conoce de memoria dónde puede refugiarse para estirar la sobrevida política.
La otra presencia es Victoria Tolosa Paz, una figura inseparable del fracaso del albertismo. Tolosa Paz no representa ninguna renovación: representa, de cuerpo entero, al gobierno de Alberto Fernández, a esa experiencia fallida, deshilachada y contradictoria que dejó inflación, desgaste, papelones y vacío de conducción. Su nombre no remite al futuro sino a una de las etapas más decepcionantes del peronismo reciente.
Y en el medio aparece Guillermo Michel, expresión de un peronismo técnico, massista, de gestión, de plan platita, de viejas terminales del poder que buscan reciclarse con caras conocidas y discursos de ocasión. No hay ahí rebeldía, ni renovación, ni épica: hay cálculo, aparato y necesidad de volver a acomodarse.
Lo de Gualeguaychú, entonces, no parece una convocatoria al porvenir sino una reunión de archivo. Michel, Pichetto y Tolosa Paz no encarnan lo que viene: encarnan lo que ya pasó. Son figuras de un peronismo que no termina de asumir su derrota cultural, política y moral, y que en vez de discutir ideas nuevas vuelve a apilar nombres gastados.
Más que un lanzamiento, parece una escena de museo.
Más que una reconstrucción, parece un rejunte.
Más que esperanza, transmite encierro.
Un peronismo que nace con olor a naftalina.





















