La Caldera

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Tocados por MILEI y EL ROTULO DE CHORROS, MICHEL BORDET Y BAHL piden dialogo

Milei los trató de “chorros” y el peronismo entrerriano en el Congreso salió a pedir “respeto institucional”. La escena es perfecta: el insulto como método y la moderación como chaleco antibalas. Pero el golpe no fue genérico: cuando el Presidente habló del negocio de los dólares —el oficial, el blue, la brecha y el acceso privilegiado— le pegó directo a Guillermo Michel, en la zona donde el peronismo no puede respirar sin explicar.

A esta altura, la política argentina ya no discute: se etiqueta. Y el que etiqueta gana medio partido antes de patear al arco.

Javier Milei abrió el año legislativo como quien entra a una comisaría a los gritos: no fue a construir mayorías, fue a marcar culpables. La palabra “chorros” no es una grosería: es una herramienta de poder. Es el sello con el que el Presidente pretende clausurar cualquier discusión. Si sos “chorro”, no merecés debate: merecés desprecio.

Y ahí aparece lo más jugoso: los tocó.

Los peronistas entrerrianos del Congreso —Adán Bahl, Gustavo Bordet y Guillermo Michel— salieron con el manual del ofendido republicano: que los gritos, que las chicanas, que la agresión, que “la gente necesita soluciones”. Piden “diálogo” como quien pide custodia. Pero el detalle central es otro: no piden diálogo porque crean en el diálogo. Lo piden porque los agarraron en un lugar sensible: la reputación.

Porque Milei no insultó al azar. Milei eligió el punto exacto donde la palabra “chorro” se vuelve un misil: los dólares.

El golpe a Michel: el dólar oficial, el blue y el “choreo” de la brecha

Cuando el Presidente habló del negocio de la brecha —la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo, el privilegio del acceso, el “quién entra” y el “quién se hace la diferencia”— le asestó un golpe político directo a Guillermo Michel. Aunque no lo nombre con megáfono, el golpe es concreto: esa discusión tiene época, tiene nombres, tiene responsables políticos. Y en la memoria social ese sistema se pega a la gestión de Sergio Massa y a los cuadros que orbitaban esa cocina económica, donde Michel fue un apellido con peso.

Ahí se entiende el reflejo: Michel no discute el tema. Discute el tono. Dice “circo”, “desprestigio del Congreso”, “tapar la crisis”. Traducción: cuando te apuntan al bolsillo, te defendés con protocolo. Y el protocolo es el refugio perfecto para el que no quiere dar la discusión de fondo: quién manejó el sistema y quién se benefició del sistema.

Bahl: rey de la obra pública… y la obra pública como reino

Y del otro lado está Adán Bahl, que pide “diálogo” con cara de estadista mientras en Entre Ríos todavía retumba esa frase que no necesita sentencia para existir: la obra pública como curro. En la cultura política entrerriana, la obra pública no fue solo herramienta de gestión: fue —demasiadas veces— estructura de poder, caja, red de fidelidades, territorio administrado con cemento y contrato.

Bahl representa ese modelo: el Estado como planilla, el presupuesto como palanca, la licitación como liturgia. Por eso cuando Milei tira “chorros”, a Bahl la palabra le pega como símbolo: no por un expediente puntual en ese segundo, sino por el clima moral de años donde mucha gente aprendió a asociar “obra” con “negocio”. El plan MAS CURRO (SIC) no es una obra: es un método. Y el método dejó marca.

Bordet: el moderado profesional

Bordet juega el papel del moderado, del razonable, del “Argentina real”. Pero la moderación no es una virtud en sí misma: a veces es una técnica para pasar de largo. Cuando te dicen “chorro” y respondés “las formas”, no estás defendiendo la democracia: estás evitando que te abran el archivo. Y en el archivo hay demasiadas carpetas.

La trampa final

El mileísmo necesita la pelea porque vive de la pelea. Pero el peronismo también necesita este guion: si Milei grita, ellos se ponen solemnes; si Milei insulta, ellos piden diálogo. Es una simbiosis. El problema es que la gente ya descifró el truco: el país real no paga el alquiler con “acuerdos básicos” ni llena la heladera con “respeto institucional”.

Milei los llama “chorros” para que se defiendan en el barro. Ellos piden “diálogo” para no explicar el barro.
Y Entre Ríos, mientras tanto, sigue pagando el costo de una política que se ofende fácil… pero rinde cuentas difícil.