La Caldera

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Encuesta revela que Entre Ríos tiene el segundo salario docente más bajo del país

Una encuesta que circula en internet por estas horas ubica a Entre Ríos con el segundo salario docente más bajo del país. Solo una provincia estaría por debajo. El dato puede discutirse técnicamente, pueden revisarse criterios y componentes, pero el impacto político es innegable: la imagen que queda es la de una provincia que quedó atrás.

Y eso es lo grave.

Entre Ríos no es una provincia marginal ni periférica. Tiene producción agropecuaria, puertos, energía, industria, estructura estatal amplia y décadas de administración política ininterrumpida. Sin embargo, cuando se compara el salario docente, aparece casi al fondo de la tabla.

El contraste con Santa Fe es inevitable. Un río las separa. De un lado, cifras que encabezan el ranking. Del otro, un número que expone debilidad salarial estructural. No se trata de copiar modelos ni de desconocer diferencias fiscales, pero sí de asumir que algo no funciona cuando la brecha es tan marcada entre provincias vecinas.

No es un problema de una paritaria puntual. No es una discusión de un mes. Es una señal de deterioro acumulado. Si durante años el salario docente pierde posición relativa frente a otras jurisdicciones, eso habla de prioridades, de gestión y de rumbo.

El docente entrerriano no vive de estadísticas. Vive del recibo. Y cuando ese recibo lo ubica casi último en el país, la consecuencia es previsible: conflicto, tensión y pérdida de previsibilidad en el calendario escolar. No porque el conflicto sea deseable, sino porque es consecuencia directa de una política salarial que no logra sostenerse en el tiempo.

Una provincia entra en decadencia no cuando tiene un mal año, sino cuando normaliza quedar atrás. Cuando deja de compararse con los mejores y se resigna a pelear por no ser la última. Cuando administra el atraso en lugar de revertirlo.

Si la encuesta es imprecisa, el gobierno debería desmentirla con números claros y comparables. Si es correcta, la explicación no puede ser un comunicado. Tiene que ser un cambio real.

Porque lo que está en juego no es un ranking en redes. Es la señal que envía la provincia sobre cuánto vale enseñar en Entre Ríos. Y hoy, según esa comparación, vale poco.