Stratta y el Estado como agencia de colocaciones: la reforma laboral que no se mira al espejo
Laura Stratta pretende explicar la Argentina laboral desde un atril: informalidad, derechos, modernización. Pero en Entre Ríos el problema no es el diagnóstico: es la autoridad moral de quien lo enuncia. Porque cuando el Estado se administra como bolsa de trabajo del poder, la “reforma laboral” se vuelve un discurso de ocasión, no una convicción.
En Victoria —donde la política no se estudia, se padece— se conoce desde hace años el mecanismo: primero la lealtad, después el contrato; primero el vínculo, después el cargo. El Estado no como herramienta de políticas públicas, sino como empleador permanente de una red.
El caso testigo: Affranchino en los listados del Senado ER
En los listados de Transparencia del Senado de Entre Ríos, AFFRANCHINO, SILVINA LEONOR figura con CUIL 27.178.705.186 y un número/expediente asociado (tal como surge del registro). Ese dato permite reconstruir un recorrido que en Victoria es conocido desde hace años: Affranchino habría sido, primero, parte del engranaje informal del complejo turístico “Villa El Ceibo” —en la órbita familiar— y luego, a partir de 2012, cuando Stratta era diputada, habría sido “subida” al Estado, iniciando una trayectoria de cobro y sostenimiento por distintas ventanillas: áreas vinculadas a Desarrollo Social/comedores, luego el Senado, y finalmente la política territorial como concejala.
Y el punto político —el que Stratta elude— es simple: si se habla de formalidad laboral, hay que poder explicar con precisión y documentación qué tareas concretas se realizaron en cada tramo, para qué dependencia, con qué funciones verificables, qué compatibilidades se declararon y bajo qué control real. Porque “formalidad” no es una consigna: es trazabilidad.
No fue una persona: fue un sistema
El problema no es una concejal. El problema es el patrón. En Victoria, el paso de Stratta por la gestión pública dejó instalado un método: beneficiar al propio círculo con contratos, designaciones y ubicaciones estratégicas. No uno, no dos: una trama.
Ahí entra lo que en la ciudad se repite como certeza política y que nosotros vamos a documentar renglón por renglón: que no sólo se “subió” a Affranchino al Estado, sino que también se incorporó —en distintos momentos y formatos— a figuras del oficialismo local y sus entornos: el senador Sansferro, su entorno inmediato, y otros nombres hoy asentados en áreas clave del Municipio (Juzgado de Faltas, Desarrollo Social, etc.), además de vínculos previos con organismos nacionales (como ANSES) que luego confluyen en el armado territorial.
Esto no es “chicana”: es el corazón del problema entrerriano. El Estado como empleador crónico de amigos, y después, desde ese mismo Estado, la cátedra moral sobre derechos laborales.
Stratta puede seguir hablando de reforma laboral. Pero mientras no responda por el uso del Estado como estructura de colocación y mientras su entorno político siga viviendo de ese mecanismo, su discurso es lo que la gente ya aprendió a reconocer: reforma para los demás, privilegio para los propios.

























