La Caldera

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Los intendentes fiesteros de Rosario Romero: campaña, ausencia y municipios con problemas

Paraná atraviesa reclamos que se repiten y se agravan: barrios enteros con baja presión, cortes o falta total de agua. En ese contexto, Rosario Romero parece haber elegido un camino cada vez más evidente: menos gestión y más campaña. Y en esa puesta en escena aparecen dos figuras que se repiten en cada foto, en cada acto y en cada salida: los dos “intendentes fiesteros” que Romero muestra como compañía política.

Jorge Fabricio “Gino” Mesquida: Intendente, empleado del Senado y ausente.

Jorge Fabricio “Gino” Mesquida es intendente de Piedras Blancas. Pero lo que lo vuelve símbolo de este armado no es solo el cargo municipal: es la denuncia política y el rumor insistente en la zona sobre su doble pertenencia como empleado del Senado, con una presencia real que sería, como mínimo, discutible.La pregunta es simple: si Mesquida cobra del Senado, ¿qué función cumple, dónde y con qué régimen?

Porque lo que se ve en la práctica es otra cosa: un dirigente que aparece disponible para la rosca, para el acto y para la fiesta, pero que estaría ausente cuando hay que estar en el lugar donde se trabaja.

Y hay un dato todavía más delicado: se lo vincula a un nombramiento irregular en el Senado en tiempos del esquema de ROMERO Stratta, una designación que —según señalamientos políticos— nunca fue explicada con claridad ni justificada en términos de tareas concretas. Si Rosario Romero pretende vender orden y responsabilidad, debería empezar por lo básico: explicar públicamente cómo compatibiliza su “equipo” con estas prácticas.

Ariel Weiss: Colonia Avellaneda con problemas, pero él vive en modo campaña

El otro nombre que rodea a Romero es Ariel Weiss, intendente de Colonia Avellaneda. Su municipio arrastra problemas estructurales que se hacen sentir en la vida cotidiana. Sin embargo, Weiss aparece cada vez más en modo armado y campaña, como si la gestión quedara en segundo plano frente a la agenda política.

En los hechos, Weiss se mueve como el hombre que sueña con escalar: el que se ve como futuro diputado provincial y necesita mostrarse pegado a una candidata para construir ese salto.

No es un pecado tener ambición. El problema es cuando la ambición se convierte en excusa para abandonar lo urgente y reemplazar la gestión por selfies y recorridas.

El mensaje del armado: si esto es el equipo, este es el modelo

Romero tiene una ciudad con problemas graves y un servicio esencial como el agua en crisis.

Y, aun así, se muestra rodeada de dos intendentes que sintetizan lo peor del aparato: ausencia, campaña permanente y una lógica de política de fiesta.

Uno, cuestionado por no estar donde se supone que debe trabajar y por su vínculo como empleado del Senado en condiciones señaladas como irregulares. El otro, viviendo en campaña mientras su municipio reclama respuestas.

Esa es la bandita que Romero está armando. Y cuando uno mira a quién se rodea un candidato, entiende rápido qué tipo de gobierno imagina: más puesta en escena que gestión.