La Caldera

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Lauritto: el hombre con cara de PLAN B del PEJOTISMO ENTRERRRIANO

El peronismo entrerriano vuelve a mirar a José Eduardo Lauritto como si fuera una carta limpia en medio del derrumbe. Pero el intendente de Concepción del Uruguay no es una novedad: fue vicegobernador de Sergio Urribarri, candidato testimonial, ministro de Educación sin gravitación real frente al Consejo General de Educación y parte de una etapa política donde el sistema legislativo terminó bajo sospecha por los contratos truchos.

El peronismo entrerriano está en una escena conocida: mira encuestas, cuenta rechazos, mide redes sociales y descubre que casi todos sus nombres fuertes queman. Rosario Romero no despega. Gustavo Bordet carga con el desgaste de haber gobernado y dejado una provincia anestesiada. Adán Bahl ya tiene encima su propio nivel de rechazo. La Liga de Intendentes, que alguna vez quiso sonar a poder territorial, cada vez parece más una reunión de sobrevivientes con menos asistentes y menos entusiasmo.

Durante años, el peronismo lo usó como blanqueador. Lauritto era el hombre que le daba seriedad a lo que olía mal. El apellido judicial, el tono profesoral, la cara de buen alumno, la moderación como maquillaje. Mientras otros hacían ruido, él administraba silencio. Mientras otros acumulaban rechazo, él acumulaba distancia. Mientras el aparato se embarraba, él posaba de correcto.

Por eso su reaparición dice más del derrumbe del PJ que de Lauritto. Si el peronismo vuelve a buscarlo es porque no tiene nada mejor para mostrar. No porque Lauritto entusiasme, sino porque los demás espantan. No porque represente futuro, sino porque todavía conserva algo de desconocimiento público. No porque sea limpio, sino porque todavía no fue suficientemente mirado.

Lauritto es el candidato que se hizo el distinto dentro del mismo sistema. El que fue vice de Urribarri, ministro de Urribarri, testimonial de Urribarri y beneficiario del aparato de Urribarri. El que siempre tuvo lugar, pero rara vez tuvo costo. El que estuvo en todos lados sin quedar nunca en el centro de la escena. El que puso cara de institucional mientras el peronismo convertía al Estado en una caja de supervivencia política.

Ahora la Liga lo mira como tabla de salvación. Pero no hay salvación en una cara conocida de un sistema viejo. Lauritto podrá tener menos rechazo que Romero, Bahl o Bordet. Podrá caer más simpático en una foto. Podrá hablar pausado, poner cara de hombre bueno y presentarse como adulto responsable ante una tropa desordenada. Pero tiene un problema: su biografía política no es inocente.

Fue vicegobernador del ciclo que dejó las peores sospechas. Fue ministro decorativo de un esquema de poder que confundía gestión con propaganda. Fue candidato testimonial dos veces. Y ahora aparece mencionado en el nuevo capítulo de la investigación sobre los contratos truchos.

Entonces la pregunta no es si Lauritto puede ser el plan B del peronismo. La pregunta es si Entre Ríos va a volver a comprar una maqueta. Porque Lauritto, en el fondo, es eso: una maqueta política. Parece serio, parece prolijo, parece institucional, parece nuevo. Pero cuando uno se acerca, descubre que detrás del cartón está el mismo peronismo de siempre.

La única diferencia es que esta vez la cara de plan B ya viene salpicada por el expediente.