Peronia TV volvió a la pantalla entrerriana. Esta vez, con Juan José Bahillo como invitado de lujo en Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral), donde el diputado se despachó con una radiografía “cruda” del peronismo y, de yapa, sentenció que le cuesta encontrarle “una característica virtuosa” a la gestión de Rogelio Frigerio.
Nada raro en que Bahillo hable. Lo llamativo es el escenario: otra vez el living prolijo, el título dramático, las preguntas a media distancia y el formato de “entrevista profunda” que en realidad funciona como plataforma de reposicionamiento interno. El propio artículo de Análisis lo describe: un Bahillo que mezcla autocrítica soft, defensa del “equilibrio fiscal” y llamados a reconstruir al peronismo con ideas, propuestas y renovación, siempre mirando a 2027.
Hasta ahí, todo dentro del manual del buen opositor “responsable”: reconoce errores, marca que el problema no son los de afuera sino las peleas internas, habla de la necesidad de un proyecto de provincia y alerta sobre las causas de corrupción que van a atravesar al peronismo en los próximos años (contratos, coimas, etc.), pero sin nombrar a nadie. El resultado es un producto prolijo, medido, casi quirúrgico: se dice lo justo para no romper nada, se insinúa que hubo excesos, pero se corre el eje hacia el futuro, hacia “las prácticas” y “las ideas”.
El problema no es Bahillo. El problema es el dispositivo. Cuestión de Fondo hace rato dejó de ser el lugar donde el poder va a incomodarse y empezó a ser el escenario donde el poder va a ordenar su discurso. Hoy es Peronia TV versión Enz: se juega a la simulación de repregunta, se dramatiza la crisis, pero el mensaje de fondo es claro: el peronismo oficial sigue teniendo micrófono, sigue teniendo cámaras y sigue administrando el sentido común del “campo nacional y popular” entrerriano… aunque haya perdido la provincia. No es casual que Bahillo aparezca en pantalla casi cada quince días; ya juega más como columnista estable del ecosistema que como dirigente al que se lo entrevista de vez en cuando. El archivo reciente del programa alcanza para ver cómo va diciendo y desdiciendo según el viento interno.
Y del otro lado del tablero, Guillermo Michel montó su propio 6,7,8 vernáculo: un ecosistema de notas, entrevistas amigables y paneles donde se construye el relato de que él encarna la renovación, la “unidad responsable” y la salida ordenada del laberinto. No hace falta un programa con ese nombre para entender de qué se trata: edición selectiva de datos, enemigos claros (Frigerio, Milei, cualquier disidente interno) y una escenografía conceptual donde el micrófono nunca queda en manos de los que se animan a cuestionar de verdad la matriz de poder que se armó en Entre Ríos en los últimos 20 años.
En ese esquema, Peronia 6TV es, en los hechos, el 6,7,8 de Michel: el mismo guion, otros decorados. No se trata sólo de afinidad ideológica; también hay vasos comunicantes en la trastienda. En la rosca política se menciona que Facundo Cabrera estaría trabajando en la producción de Enz, el operador ligado al michelismo que se mueve entre sets, redacciones y oficinas. Es la garantía de que el mensaje baje alineado: la televisión como prolongación del dispositivo político, no como control del poder.
Mientras Enz arma su Peronia TV con Bahillo explicando cómo reconstruir el peronismo, el 6,7,8 de Michel milita que el problema siempre es “el otro”, la realidad va por otro carril: salarios licuados, servicios públicos en caída libre, obras prometidas y no empezadas, barrios sin vivienda y sin cloacas. El propio Bahillo lo admite, aunque muy de costado, cuando reconoce que la paralización de la obra pública y de los barrios sociales está profundizando la desigualdad y dejando afuera a miles de entrerrianos del acceso a la vivienda.
La escena es casi perfecta: dirigentes que descubren el valor del “equilibrio fiscal” después de haber gobernado una década con déficit; que ahora hablan de honestidad como si fuera un plus moral y no una obligación básica; que juran que aprendieron la lección mientras diseñan la próxima lista, el próximo armado y la próxima coartada discursiva. Y todo eso empaquetado en formatos televisivos que imitan la estética de la crítica, pero cuidan obsesivamente de no tocar los verdaderos nervios del poder.
El “Peronia TV Enz” y el “6,7,8 de Michel” son, en el fondo, el mismo producto con distinto envase: televisión de autojustificación para una dirigencia que no se anima a discutir por qué una provincia rica tiene tanta gente pobre, por qué cada rincón terminó convertido en caja, y por qué las causas de corrupción sólo son graves cuando afectan al enemigo. Lo demás es escenografía.
La diferencia entre periodismo y Peronia TV no está en el canal ni en el rating. Está en una decisión simple: o se usan las cámaras para servirle café a los mismos de siempre, o se las usa para contar, con nombre y apellido, cómo llegamos hasta acá. Hoy, Enz y Michel eligieron lo primero. Y eso, más que un detalle, es una definición política.n que Bahillo hable. Lo llamativo es el escenario: otra vez el living prolijo, el título























