El encuentro del llamado “PJ Federal” en Entre Ríos no muestra renovación ni futuro. Muestra reciclaje. Los mismos nombres de siempre, las mismas caras de la derrota, ahora reunidos para vender como novedad un armado que huele a naftalina política.
Pichetto, Bossio, Tolosa Paz, Michel, Bordet y compañía no llegan con victorias bajo el brazo ni con una propuesta que haya demostrado fuerza social. Llegan después de años de fracasos, retrocesos y una desconexión cada vez más evidente con la realidad.
Y detrás de esa foto aparece Sergio Massa. Aunque no siempre esté sentado en la mesa, está en la lógica del armado: acuerdos de cúpula, dirigentes reciclados, cálculo electoral y pura supervivencia. Massa es el símbolo más claro de esa política que ya gobernó, ya falló y ahora quiere volver disfrazada de “federal”.
No es una construcción nueva. Es un reagrupamiento de sobrevivientes. Una reunión de dirigentes que perdieron capacidad de representación pero no resignan espacios de poder.
Entre Ríos no puede ser el escenario de este simulacro. Porque la sociedad no está pidiendo más rosca, más operadores ni más nombres gastados. Está pidiendo otra cosa.
La “cumbre de la derrota” no es un apodo exagerado. Es una descripción bastante precisa de un peronismo que, aun después de perder todo, todavía no entiende por qué perdió.






















