La Caldera

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Concordia: el peronismo se rearma con las mismas caras de siempre

Mientras Entre Ríos atraviesa una de las crisis más profundas de representación política, en Concordia el peronismo parece decidido a apostar —una vez más— por la repetición. No de ideas, no de proyectos, no de renovación. De nombres.

En la mesa chica vuelven a sonar con fuerza los mismos apellidos que llevan décadas administrando poder, derrotas y promesas incumplidas: Enrique Cresto, Ángel Giano, Gustavo Bordet, los resabios del bustismo, la sombra persistente de Sergio Urribarri, la influencia intacta de Rosario Romero y el retorno simbólico de viejas estructuras como las que supo representar José Carlos Halle.

No hay sorpresa. Hay método.

El problema no es solamente quiénes vuelven, sino qué representan. Este armado no expresa una reconstrucción del peronismo, sino su encapsulamiento. Es el mismo círculo que se recicla, se protege y se reproduce, incluso después de haber sido protagonista central del desgaste político, institucional y electoral de la provincia.

Concordia, históricamente bastión del justicialismo, hoy es también símbolo de sus contradicciones más profundas: pobreza estructural, dependencia estatal crónica y una dirigencia que parece más preocupada por reordenar internas que por ofrecer un horizonte distinto.

La pregunta incómoda —pero inevitable— es otra: ¿puede el peronismo reconstruirse con los mismos nombres que lo llevaron a este punto?

Porque no se trata de negar trayectorias ni de desconocer experiencias. Se trata de asumir responsabilidades. Y en ese punto, la repetición no es continuidad: es negación del problema.

Mientras tanto, afuera de ese armado cerrado, hay una generación política que no encuentra lugar, que no es convocada y que observa cómo el peronismo vuelve a mirarse al ombligo en lugar de mirar a la sociedad.

El riesgo es claro: confundir unidad con amontonamiento, y experiencia con agotamiento.

Concordia no necesita volver. Necesita salir.

Y el peronismo, si quiere seguir siendo una herramienta de transformación y no una estructura de supervivencia, tendrá que decidir si se anima a cambiar en serio… o si seguirá apostando a los mismos nombres esperando resultados distintos.