La Caldera

POLITICA – ECONOMIA – DEPORTES

Michel se defendió de las SIRA en los reportajes peronistas de Daniel Enz

Como ocurre cada semana, uno de los representantes del viejo esquema político del bustiurribordetismo volvió a encontrar refugio mediático en los micrófonos amigos. Esta vez fue Guillermo Michel, quien aprovechó un reportaje de Daniel Enz para intentar despegarse políticamente de la causa SIRA, el expediente federal que investiga presuntas irregularidades y pagos ilegales vinculados al sistema de importaciones de la gestión massista.

La escena ya resulta repetida para gran parte de la sociedad entrerriana: dirigentes que gobernaron la provincia durante más de veinte años, sin ninguna autocrítica sobre el estado en que dejaron Entre Ríos, reaparecen reciclados como opositores “técnicos” o “moderados”, siempre contenidos en ámbitos periodísticos donde las preguntas incómodas rara vez aparecen.

En ese marco, Michel desarrolló una extensa defensa política y mediática sobre las SIRA, intentando minimizar el impacto del expediente judicial y presentando la situación como parte de una operación política. Pero lo más llamativo fue la comparación elegida: el exfuncionario nacional equiparó su situación con aquella operación mediática impulsada años atrás alrededor de la causa Celis-Bordeira y las denuncias lanzadas en el programa de Tomás Méndez.

La analogía no fue casual. Michel intentó instalar la idea de que existe una persecución o construcción artificial similar a la que en otro momento afectó a dirigentes nacionales y provinciales. El problema es que las SIRA no son un invento televisivo ni una denuncia mediática aislada: se trata de un sistema de autorizaciones de importaciones administrado desde el corazón del poder económico del gobierno anterior, precisamente el ámbito donde Michel tenía influencia y conocimiento técnico.

Sin embargo, el reportaje avanzó con extrema suavidad. Las “repreguntas” parecían más afirmaciones de respaldo que verdaderos contrapuntos periodísticos. No hubo profundización sobre cómo funcionaba el esquema de autorizaciones, quiénes intervenían políticamente, qué relación existía entre empresarios favorecidos y operadores del sistema, ni cuál era concretamente el rol institucional de Michel dentro de aquella estructura.

Tampoco hubo una mínima reflexión sobre la responsabilidad política del espacio que gobernó Entre Ríos durante dos décadas y que hoy pretende ejercer oposición como si jamás hubiera administrado el poder provincial ni participado del modelo económico nacional que terminó explotando en inflación, emisión, endeudamiento y privilegios para sectores amigos.

El fenómeno no es nuevo. Parte importante del viejo aparato político entrerriano intenta reconstruirse discursivamente apelando a una memoria selectiva: hablan del presente como analistas externos, aunque fueron protagonistas directos del esquema que dominó la provincia durante años.

Por eso la entrevista dejó una sensación evidente: más que un reportaje periodístico, pareció un operativo de contención política. Un dirigente complicado por el contexto nacional, entrevistado por un interlocutor que indagó poco, evitó tensiones y permitió desarrollar una defensa extensa sin contrapreguntas reales.

Mientras tanto, la sociedad entrerriana sigue esperando algo mucho más simple y mucho más difícil de encontrar en la dirigencia tradicional: autocrítica.