Un hombre terminó en terapia intensiva tras ser apuñalado durante la celebración por el triunfo de la Selección Argentina. También demoraron a un menor armado con un destornillador modificado y detuvieron a un hombre que intentó robar bebidas. La Policía habló de un balance “altamente satisfactorio”, pero la sangre derramada obliga a mirar más allá de las estadísticas.
La multitud había llegado al centro de Paraná para celebrar. Familias, jóvenes y niños coparon la Plaza 1° de Mayo y las inmediaciones de la Catedral después de la clasificación de la Selección Argentina a la final del Mundial. Sin embargo, ni siquiera una noche marcada por la alegría colectiva logró mantener completamente alejada a la violencia.
En uno de los episodios más graves, un hombre fue apuñalado durante una pelea ocurrida en un sector externo de la plaza. Según la información policial, el enfrentamiento habría comenzado cuando una mujer que se encontraba con su pareja actual se cruzó con una expareja.
La discusión escaló hasta convertirse en una agresión con arma blanca. Uno de los involucrados sufrió una herida de gravedad y debió ser trasladado urgentemente al Hospital San Martín.
La víctima ingresó directamente al quirófano. Los médicos constataron una lesión en el bazo, por lo que tuvieron que suturar el órgano y colocarle un drenaje. Luego de la intervención quedó internada en la Unidad de Terapia Intensiva, bajo estricto seguimiento médico.
No fue una simple discusión ni una pelea menor: un hombre terminó con su vida en riesgo porque alguien decidió llevar un arma blanca a una celebración popular y utilizarla.
La Policía informó que el supuesto autor fue identificado y que la intervención se produjo rápidamente. Pero la velocidad de la respuesta no borra la gravedad del hecho. Tampoco alcanza con reducirlo a un “conflicto de pareja”. Ningún vínculo sentimental, pasado o presente, explica ni justifica que una diferencia termine a cuchillazos en medio de una plaza repleta de personas.
UN MENOR ARMADO ENTRE LA MULTITUD
El apuñalamiento no fue el único episodio preocupante. Durante otra gresca, los efectivos demoraron a un menor que llevaba un destornillador modificado y terminado en punta, preparado para ser utilizado como arma.
La presencia policial permitió neutralizar la situación antes de que se produjeran consecuencias todavía más graves. El adolescente quedó a disposición de la Fiscalía de Menores.
También fue detenido un hombre que, según la versión oficial, se encontraba en evidente estado de ebriedad e intentó sustraer bebidas alcohólicas de un comercio situado en la zona de 25 de Mayo e Hipólito Yrigoyen.
En total, unos 80 policías participaron del operativo desplegado para acompañar una convocatoria multitudinaria. Desde la fuerza calificaron el resultado como “altamente satisfactorio” y remarcaron que los incidentes fueron puntuales y ajenos al espíritu familiar de los festejos.
Es cierto que miles de personas celebraron pacíficamente y que la actuación preventiva evitó una escalada mayor. Pero también es cierto que un hombre acabó en terapia intensiva, un menor apareció armado entre la multitud y otra persona fue detenida por un intento de robo.
Presentar esos hechos únicamente como incidentes aislados puede servir para cerrar un informe operativo, pero no alcanza para explicar el problema.
La violencia no dejó afuera ni siquiera a una fiesta popular. Se mezcló entre las camisetas argentinas, los cánticos y las familias. Apareció otra vez como respuesta inmediata frente a un conflicto personal, con armas improvisadas o cuchillos al alcance de la mano.
Paraná celebró, pero también volvió a mostrar una de sus caras más alarmantes. Mientras la mayoría eligió compartir una alegría colectiva, unos pocos transformaron la noche en una escena de sangre, miedo y hospital.
El operativo pudo haber sido eficaz. El festejo, multitudinario. Pero cuando una persona termina apuñalada y en terapia intensiva, ningún balance debería conformarse solamente con la palabra “satisfactorio”.
Fuente: Elonce, 16 de julio de 2026.

























