Juan Reinaldo Navarro es uno de los nombres que mejor explican cómo funcionó el poder en la Legislatura entrerriana durante años.
De Rosario del Tala, arrancó como concejal en 1999 y terminó construyendo una carrera larga dentro del PJ. Fue senador entre 2007 y 2011 por la Lista 100. Después pasó a Diputados y se mantuvo durante los distintos gobiernos peronistas, especialmente en la etapa de Gustavo Bordet, donde llegó a ser presidente del bloque oficialista. No era un legislador más: era de los que manejaban el bloque, la interna y los resortes reales del poder.
En la política entrerriana lo describen sin vueltas: operador, armador, recaudador. Un tipo que no necesitaba exposición porque controlaba lo importante.
Por eso su nombre aparece inevitablemente cuando se habla de los contratos truchos. Porque el problema nunca fue sólo quién cobraba o prestaba el nombre. El problema es quién manejaba la estructura. Y Navarro estaba ahí, en el corazón del sistema.
Hay un dato que no pasa desapercibido: en una entrevista con Cecilia Goyeneche, el propio Navarro reconoce que existían contratos truchos y ensaya una explicación llamativa, atribuyéndolos a exigencias del Tribunal de Cuentas. No lo niega: lo justifica. Y sin embargo, nunca se avanzó sobre esa responsabilidad política.
Ahí aparece una de las claves del escándalo: la investigación avanzó sobre los de abajo, pero evitó ir a fondo con los que tenían poder real. Los perejiles quedaron expuestos. Los que manejaban, no.
Navarro representa ese esquema. El dirigente que siempre está, que atraviesa gobiernos, que mantiene influencia y que nunca queda afuera.
Hoy ese reciclaje tiene una imagen clara: Laura Stratta lo puso como secretario del bloque del PJ. No sólo —dicen— por su experiencia para manejar la rosca y recaudar, sino también para que complete aportes y se jubile. Traducido: sostener a los propios mientras se sigue haciendo mierda la caja de jubilaciones.
Ese es el perfil. Juan Reinaldo “el Pelado” Navarro: veinte años dentro del sistema, siempre cerca del poder y siempre lejos de las consecuencias.
Y si se quiere entender el mayor saqueo de la historia política de Entre Ríos, hay que empezar por estos nombres. No por los perejiles. Por los que manejaban todo.
























