Darío Báez no cambió de ideas: cambió de parada. Fue de Varisco, pasó por la UCR, anduvo con Massa, después se vistió de libertario al calor de Milei cuando creyó que ahí había una veta, más tarde recaló en Schiaretti y ahora vuelve a arrimarse a otro escenario donde huela poder.
Nunca echó raíces en ningún lado porque su verdadera especialidad no es construir: es rotar.
Eso es lo que lo define. Báez no milita convicciones; milita oportunidades. Va de sello en sello, de armado en armado, de foto en foto, buscando siempre dónde prenderse. Le dieron una banca para representar una supuesta novedad liberal que nunca le calzó del todo, porque el liberalismo le quedó siempre como disfraz de ocasión.
Duró lo que duró la conveniencia.Y en el medio, como desde hace varios años, volvió a funcionar la lógica de Rosario Romero. No hace falta que lo lleve de la mano ni que lo declare propio: le alcanza con que termine siendo funcional. Así juega hace rato. Con piezas que aparentan autonomía, pero a la hora de los bifes no rompen, no incomodan y no desordenan de verdad. Báez encaja perfecto en ese esquema.
Nunca fue una oposición seria. Fue, en el mejor de los casos, una oposición administrada.
Ahora, cuando el experimento libertario se pinchó y el ruido de los claritos ya no alcanza, sale otra vez a buscar calor. Y aparece tanteando este nuevo clima alrededor de Gebel, donde se mezclan prédica, oportunismo, armado liviano y dirigentes en tránsito. No porque haya encontrado una fe, sino porque detectó movimiento.
Del otro lado pasa algo parecido. Frigerio también juega con piezas satélites y manda a moverse a Milocco, Müller y Gamarra en los tableros donde conviene tener presencia, tanteo o infiltración.
Nadie va de frente; todos mandan emisarios, prueban climas, ocupan espacios ajenos.Por eso esta historia no trata solo de Báez. Trata de una política entrerriana llena de infiltrados, de dirigentes que entran a un espacio pero responden a otro, que se venden como nuevos mientras cargan años de acomodo, y que nunca terminan de jugar donde dicen jugar.
Báez es apenas una versión bastante explícita de ese modelo: siempre girando, siempre tanteando, siempre disponible para el próximo patrón.
Como gato en el pulóver…





















