La Caldera

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QUINOTO VAZQUEZ Y LA REFORMA PREVISIONAL; UN PJ REDUCIDO A LOS CUSTODIOS DEL SELLO

Las declaraciones de Jorge «Quinoto» Vázquez reclamando expulsiones dentro del Partido Justicialista vuelven a poner sobre la mesa una discusión que el peronismo entrerriano viene postergando desde hace años. No se trata solamente de quién puede o no permanecer dentro del partido. La verdadera discusión es quiénes están en condiciones de representar al peronismo en una etapa donde la sociedad exige respuestas mucho más profundas que las que puede ofrecer una interna partidaria permanente.

Quinoto Vázquez, al igual que José Cáceres o David Cáceres, forma parte de una generación de dirigentes que han cumplido un papel importante dentro de la estructura partidaria. Nadie puede desconocer su trayectoria militante ni su participación en la vida interna del PJ. Sin embargo, una cosa es cumplir funciones dentro del aparato político y otra muy distinta es convertirse en la voz capaz de expresar los debates estratégicos que hoy demanda la sociedad entrerriana.

El problema del peronismo no es la falta de guardianes de la disciplina partidaria. El problema es la ausencia de una discusión seria sobre qué ocurrió durante los últimos veinte años de gobierno, cuáles fueron los errores que alejaron al partido de amplios sectores de la población y qué proyecto pretende ofrecer hacia adelante. Cuando los principales voceros terminan hablando de expulsiones, sanciones o castigos internos, el mensaje que recibe la sociedad es que la dirigencia sigue más preocupada por administrar el partido que por interpretar las necesidades de la gente.

La crisis de representación que atraviesa el justicialismo no se resolverá mediante comunicados disciplinarios. Por el contrario, requiere incorporar voces nuevas, dirigentes con experiencia de gestión, profesionales, empresarios, trabajadores, productores, jóvenes y militantes que no hayan quedado identificados con las prácticas que deterioraron la imagen pública del partido durante los años de gobierno de Sergio Urribarri y Gustavo Bordet. El PJ necesita recuperar credibilidad y para eso debe abrirse a sectores que no estén asociados a los mecanismos de poder que terminaron generando desconfianza social.

Resulta llamativo que quienes hoy hablan de expulsar compañeros guarden silencio respecto del funcionamiento del propio Tribunal de Disciplina partidario. Es el mismo organismo que algunos sectores intentaron utilizar para avanzar contra dirigentes como Domingo Daniel Rossi y Carlos Guillermo Reggiardo, mientras otras situaciones quedaron sin tratamiento o directamente paralizadas por conveniencias políticas. Esa selectividad es precisamente una de las razones por las cuales gran parte de la militancia dejó de confiar en determinados mecanismos internos.

La sociedad entrerriana está atravesando problemas mucho más importantes que las disputas de aparato. Los salarios pierden poder adquisitivo, los municipios enfrentan dificultades financieras, los productores reclaman reglas claras, los jóvenes emigran buscando oportunidades y la provincia necesita discutir seriamente su modelo de desarrollo. Frente a semejantes desafíos, resulta difícil entender por qué algunos dirigentes creen que el centro del debate debe ser quién merece una sanción partidaria.

El peronismo fue históricamente un movimiento amplio porque supo incorporar sectores diversos y porque produjo dirigentes capaces de interpretar las demandas de cada época. Cuando se reduce a un pequeño grupo de administradores del sello partidario, pierde potencia política, capacidad de representación y contacto con la realidad. Por eso el desafío actual no consiste en expulsar a nadie. Consiste en construir una conducción capaz de superar la lógica de las roscas internas, dejar atrás los vicios que marcaron los últimos años y recuperar la confianza de una sociedad que espera mucho más que amenazas disciplinarias.

Si el PJ pretende volver a ser una alternativa de poder en Entre Ríos, deberá animarse a debatir ideas, proyectos y liderazgos. Seguir discutiendo expulsiones mientras la provincia reclama respuestas concretas sólo profundiza la imagen de un partido encerrado en sí mismo, hablando para sus propios dirigentes y cada vez más lejos de los problemas reales de los entrerrianos.