Frigerio jugó a lo Frigerio. Una gambetita corta, sin ir al choque, que le permitió dejar contentos a los dos bandos. El juicio político contra Susana Medina no se rechazó ni se archivó: se dejó caer por falta de tratamiento. No hubo sesión efectiva, no hubo debate, no hubo votos. Y esa omisión no fue un error técnico, fue una decisión política.
Con ese movimiento, Medina fue salvada.
Seguirá siendo jueza, conservará su cargo y evitará el golpe institucional que implicaba un juicio político en marcha. Pero, al mismo tiempo, no fue absuelta. No hubo archivo, no hubo desestimación, no hubo cierre que cause estado, dejando abierta la posibilidad a Goyeneche, Vitor y Cia de buacar revancha.
La denuncia quedó viva como antecedente, abierta a ser retomada cuando exista otra mayoría legislativa o, simplemente, otra voluntad política. Frigerio la protegió, pero no la blindó.
El desgaste, sin embargo, ya es irreversible. Aunque continúe en funciones, Medina quedó políticamente golpeada y este episodio le cierra cualquier proyección nacional: la posibilidad de llegar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación quedó definitivamente fuera de escena. Lo que resta es un poder más acotado y más interno, concentrado en el fuero civil y en la trama cotidiana del Poder Judicial entrerriano, donde —como sugiere Página Política— podría convertirse en una figura clave para escribir y ordenar el libreto del sistema, con todo lo que eso implica.
Del otro lado, los denunciantes tampoco se van con las manos vacías. El espacio Entre Ríos Sin Corrupción, Cecilia Goyeneche y sectores políticos que los acompañan no obtuvieron la destitución, pero tampoco una derrota formal. No hay cosa juzgada política. El juicio puede volver. Y eso, en la lógica entrerriana, ya es algo.
En el medio queda una incógnita: cómo juega realmente García. Mantiene una sintonía evidente con Frigerio y, si hubiera existido voluntad política, podía haber forzado una definición clara: avanzar o cerrar. No ocurrió. Y no ocurrió porque el objetivo nunca fue resolver el problema, sino evitar que el agua llegue al río.
El resultado final es el equilibrio cómodo de siempre. Medina sigue, pero debilitada. Los denunciantes esperan, pero sin victoria. El Poder Judicial no es escrutado de fondo y conserva su condición de gran privilegiado del sistema entrerriano. Y el Ejecutivo evita el conflicto directo con un poder que no quiere —o no puede— tocar.
Frigerio eligió administrar el statu quo. Gobernar sin molestar a la Justicia para que la Justicia no lo moleste después. Una jugada típica de su estilo: no decidir para no pagar costos, dejar todo en suspenso y presentar la omisión como prudencia.
En Entre Ríos, eso puede funcionar un tiempo. Pero el problema sigue ahí, intacto, esperando que alguien —alguna vez— tenga la voluntad de enfrentarlo.























