“Había gente arriba toda entongada”.
La frase no salió de un pasillo opositor ni de una mesa de café: la pronuncia una funcionaria del Banco Central en un audio que Clarín acaba de revelar y que hoy forma parte de una causa judicial federal. No es una metáfora. Es una confesión brutal sobre cómo funcionaba el acceso al dólar oficial cuando la brecha con el paralelo superaba el 100% y los dólares, para la mayoría, simplemente no existían.
Los audios, aportados por un arrepentido, exponen una trama donde funcionarios del BCRA asesoraban —ilegalmente— a operadores financieros ligados a Elías Piccirillo y Francisco Hauque, mientras las amenazas, las advertencias y las irregularidades eran “subidas” a los superiores y nadie movía un dedo. ¿La explicación? La que da la propia funcionaria: “Había gente arriba toda entongada”.
La pregunta es inevitable: ¿quiénes eran “los de arriba”?
En 2023, acceder al dólar oficial no era una operación de mercado. Era una decisión política y administrativa. El sistema que lo hacía posible tenía nombre y apellido: SIRA, Sistema de Importaciones de la República Argentina, el corazón del cepo durante la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía.
Ese sistema tenía cuatro llaves, y sin las cuatro, no había dólares.
La primera era Economía, que definía el esquema general del cepo.
La segunda era el Banco Central, que autorizaba o bloqueaba el acceso al mercado oficial de cambios.
La tercera era el sistema financiero, que ejecutaba las operaciones.
Y la cuarta —clave, silenciosa y muchas veces omitida— era la Aduana, el lugar donde se habilitaba o se frenaba la importación misma.
Ahí aparece un nombre que hoy resulta imposible de esquivar: Guillermo Michel.
Michel fue director general de Aduanas durante ese período. No firmaba la venta de dólares, pero sin Aduana no había importación, y sin importación no había dólar oficial. En un esquema como el SIRA, la Aduana era una llave de poder, no un organismo técnico más.
Por eso, cuando Clarín publica audios donde se habla de asesoramiento prohibido, de presiones, de empresas que no eran “bajadas” y de amenazas que llegaban a la cúpula sin consecuencias, el foco no puede quedarse solo en los inspectores del Banco Central. El sistema era más amplio. Y más arriba.
La funcionaria lo dice sin rodeos: todo se informó “arriba” y nadie hizo nada. No estamos ante una omisión menor, sino ante la descripción de un mecanismo tolerado, en un momento en el que cada dólar oficial valía oro.
En ese contexto, cobra otra dimensión una denuncia que hasta ahora fue tratada como ruido político. La diputada nacional Marcela Pagano afirmó públicamente que Guillermo Michel ya en 2023 movía millones, habló de bolsos con dinero y lo vinculó al financiamiento de campañas, nada menos que en el año más restrictivo del cepo.
No es prueba judicial.
Pero no es un dato irrelevante.
Porque si había “gente de arriba” entongada, como dicen los audios, y si el acceso al dólar oficial dependía de un sistema cerrado donde Economía, BCRA, Aduana y bancos eran las cuatro patas, entonces la pregunta deja de ser retórica:
👉 ¿Cómo se explica que algunos pudieran “gastar” dólares oficiales cuando al resto del país se le negaban?
👉 ¿Quién garantizaba que ciertas importaciones avanzaran y otras no?
👉 Quiénes eran, concretamente, “los de arriba”?
Clarín puso los audios sobre la mesa.
La Justicia empezó a allanar.
Pero el corazón del problema sigue intacto.
El SIRA fue algo más que un sistema de importación. Fue una caja de poder. Y como toda caja, tuvo responsables.
Y entre ellos, Michel ya no puede seguir siendo un nombre al margen.





















