La Caldera

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Nombre viejo, caras viejas, receta vieja: Entre Ríos vuelve a armar paquetes y juega al albertismo

El peronismo entrerriano no cambia: repite. Otra vez aparecen los mismos nombres, las mismas caras y la misma lógica de siempre. Cuando debería haber renovación, debate político y una discusión seria sobre el futuro del partido, aparece nuevamente el aparato como respuesta única. No hay proyecto, no hay militancia deliberando, no hay construcción desde abajo. Hay dirigentes que se reacomodan, estructuras que se ordenan y paquetes que empiezan a prepararse para negociar.

La escena remite directamente a 2011, cuando distintos sectores del peronismo se ubicaron en aquel peronismo federal de ocasión, con Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá y Jorge Busti como referencias de un armado que buscaba disputar desde afuera del esquema dominante. Hoy cambia el contexto, pero no cambia el método: juntar volumen, mostrar estructura y salir a negociar con quien tenga mejores chances en la mesa nacional.

Rosario Romero vuelve a ese esquema sin demasiada explicación política. No aparece una definición ideológica, ni una autocrítica, ni una propuesta nueva para el peronismo entrerriano. Lo que aparece es posicionamiento. Una lógica de supervivencia donde cada dirigente busca quedar parado en algún lugar antes de que se cierre el próximo acuerdo nacional.

Y detrás aparece lo de siempre: Michel, Achával, Tolosa Paz y el mundo del albertismo residual. No expresan gestión ni conducción política. Expresan otra cosa: concentración de recursos, manejo de estructuras, operadores, acuerdos de cúpula y aparato. No vienen a construir una alternativa; vienen a ordenar, cerrar y empaquetar lo que puedan para negociar mejor.

Entre Ríos, en esa lógica, no aparece como proyecto político propio. Aparece como paquete. Intendentes, legisladores, sellos, compromisos y estructura alineados para negociar con quien mida mejor a nivel nacional. Eso no es reconstrucción del peronismo. Es gerenciamiento del poder.

El albertismo, aun debilitado, sigue funcionando como una red de contactos, recursos y protección. Y ahí vuelve a recostarse una parte del PJ entrerriano. No por convicción, no por programa, no por futuro. Por conveniencia.

Ya pasó. Y vuelve a pasar. Nombre viejo, caras viejas, receta vieja. Sin militancia real, sin discusión profunda y sin futuro claro. Solo aparato.