La Caldera

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Crónica de un paseo por China: mientras Paraná espera agua, Rosario Romero ya mira la logistica aérea del 2055

Quince días después de haber partido hacia China, la intendenta Rosario Romero sigue regalando postales que parecen extraídas de una película futurista. La última la muestra observando una exposición sobre transporte aéreo de baja altitud, drones de carga, aeronaves eléctricas y sistemas inteligentes de movilidad urbana. Todo muy moderno. Todo muy innovador. Todo muy interesante. El único problema es que la fotografía llega desde una ciudad donde todavía hay vecinos que esperan soluciones mucho más urgentes y bastante menos futuristas.

La escena tiene algo de ironía involuntaria. Mientras en Paraná se siguen acumulando reclamos por el servicio de agua, problemas de infraestructura y discusiones sobre prioridades de gestión, la delegación oficial aparece fascinada frente a tecnologías que, en el mejor de los casos, podrían formar parte de la vida cotidiana dentro de varias décadas. Los chinos explican cómo funcionarán los sistemas de transporte del futuro y los visitantes observan atentamente. El detalle es que muchos paranaenses todavía siguen esperando respuestas sobre problemas del presente.

La fotografía adquiere además un valor político especial porque coincide con uno de los momentos más calientes que atraviesa el peronismo entrerriano en los últimos años. Mientras dirigentes, intendentes y sectores internos discuten liderazgos, candidaturas y el rumbo partidario, dos de las figuras con mayor peso institucional de la provincia eligieron pasar más de dos semanas recorriendo China. Desde el otro lado del mundo llegan imágenes de fábricas, centros tecnológicos, paneles solares, robots, drones y ahora también taxis aéreos. Del debate político provincial, en cambio, poco y nada.

Lo más llamativo de la última imagen es el contraste entre la magnitud del desarrollo exhibido y la realidad de la ciudad que representan quienes aparecen en la foto. Porque la llamada economía de baja altitud es una apuesta estratégica de China para las próximas décadas. Hablamos de drones de transporte, logística aérea, aeronaves autónomas y sistemas pensados para ciudades que manejan presupuestos e infraestructuras que parecen de otro planeta. Paraná, mientras tanto, sigue tratando de resolver problemas bastante más cercanos al suelo.

Algunos observadores incluso comenzaron a bromear con que, a este ritmo, la próxima innovación municipal podría consistir en reemplazar los camiones de San José S.A. por una flota de minidrones inteligentes sobrevolando la ciudad. Si los residuos no llegan a tiempo, siempre quedará la posibilidad de enviarlos por vía aérea. Total, una vez que se resuelvan los pequeños detalles de la distribución de agua potable, las calles, los desagües, el tránsito y los servicios urbanos, nada impediría pensar en un sistema de transporte digno de Shanghái.

La sensación que dejan las fotografías es que la gira fue perdiendo progresivamente contacto con la realidad política y administrativa de Paraná. Cada nueva imagen parece más futurista que la anterior. Primero fueron las fábricas automatizadas. Después las ciudades inteligentes. Más tarde los sistemas energéticos. Ahora los taxis aéreos. Si el viaje se extendiera una semana más, nadie debería sorprenderse si aparece una fotografía observando colonias lunares o plataformas orbitales de última generación.

Naturalmente, conocer experiencias internacionales nunca es malo. Lo discutible es la oportunidad y el mensaje que transmiten las imágenes. Porque cuando una gestión todavía enfrenta dificultades para resolver cuestiones esenciales, resulta inevitable que la ciudadanía observe con cierta perplejidad a sus funcionarios estudiando tecnologías que probablemente no lleguen a Paraná antes de que varias generaciones hayan pasado por la Municipalidad.

Quizás dentro de treinta años los taxis aéreos sean una realidad. Quizás dentro de cuarenta sobrevuelen la Costanera. Quizás dentro de cincuenta conecten Paraná con Santa Fe en cuestión de minutos. Pero por ahora los vecinos parecen tener una preocupación bastante más modesta: que funcione el agua cuando abren la canilla.

Y en esa distancia entre la fotografía y la realidad es donde se encuentra la verdadera crónica de este paseo por China.