El intendente de Santa Elena volvió a decir en voz alta lo que muchos callan: que el PJ entrerriano no puede recuperar credibilidad sin una señal clara frente a la corrupción, sin apertura interna y sin volver a escuchar al territorio. Mientras enfrenta persecución judicial y operaciones políticas, Domingo Daniel Rossi sostiene una gestión visible, con obras, recuperación urbana y una ciudad que vuelve a ser elegida como destino turístico.
Domingo Daniel Rossi volvió a hacer lo que casi nadie se anima a hacer dentro del peronismo entrerriano: decir en voz alta aquello que muchos dirigentes comentan en privado, que algunos periodistas conocen pero no escriben, y que buena parte de la sociedad ya percibe desde hace años.
En una entrevista al medio RICARDODAVID el ex vicegobernador fue muy duro con la actual conduccion del PJ, e hizo un analisis de que se debe hacer una propuesta de gobierno SIN LARA, SIN RODRIGUEZ SIGNES y sin CORRUPCION, para generar confianza en la sociedad que esta convencida que pueden volver los CONTRATOS TRUCHOS, CREDITOS TRUCHOS, SUBSIDIOS TRUCHOS, etc.-
El problema del PJ no es solamente electoral. No se resuelve con una lista armada entre pocos, ni con acuerdos de cúpula, ni con expulsiones disciplinadoras. El problema de fondo es moral, político y de credibilidad: para volver a ser competitivo, el peronismo debe dar señales claras de que no se va a volver a robar un presupuesto.
La frase de Rossi no aparece como una provocación vacía. Es la síntesis directa de una discusión que el partido viene evitando. El intendente de Santa Elena habla desde una historia política atravesada por victorias, derrotas, denuncias, persecución judicial y, sobre todo, gestión.
Porque mientras algunos intentan encerrarlo en expedientes, operaciones o internas partidarias, Santa Elena muestra otra realidad: una ciudad más ordenada, más linda, con obras, movimiento turístico y una identidad recuperada.
Ahí está el punto que incomoda. Rossi no habla desde afuera ni desde la comodidad del comentario. Gobierna, hace, inaugura, sostiene una ciudad y al mismo tiempo dice lo que otros no se animan a decir.
Por eso sus declaraciones pesan. Porque no vienen de un dirigente retirado ni de un comentarista político. Vienen de alguien que se la banca: dice lo que piensa, sostiene lo que dice y sigue gestionando aunque le armen causas, lo ataquen o intenten disciplinarlo.
En un peronismo acostumbrado a callar sus propias miserias, Rossi aparece como una voz incómoda, frontal y difícil de domesticar. Y tal vez por eso mismo molesta tanto.





















