La Caldera

POLITICA – ECONOMIA – DEPORTES

Diálogo sin verdad: Frigerio y el PJ se juntan, pero nadie se anima a decir lo que pasa en la calle

Las usinas de comunicación no se pusieron de acuerdo porque no podían: la reunión entre Rogelio Frigerio y los intendentes peronistas fue una escena armada sin sinceridad. De un lado se habló de diálogo institucional; del otro se filtraron tensiones. Pero lo real quedó afuera de la mesa.

Ni los intendentes del PJ dijeron lo que en sus ciudades repiten todos los días, ni Frigerio los enfrentó con lo que también sabe.

Porque si la conversación hubiera sido honesta, alguien tendría que haber puesto sobre la mesa los nombres propios. Rosario Romero no es sólo “intendenta de Paraná”: es la cara de una gestión cuestionada por espectáculos, prioridades discutibles y una política de vidriera en medio de problemas estructurales que siguen sin resolverse. Eso no se dijo.

En Victoria, la situación es todavía más incómoda. No se habló del gasto desmedido en personal, ni de una estructura sobredimensionada, ni de los cuestionamientos por manejo político del municipio. Tampoco de los casos de corrupción que sobrevuelan la gestión, ni de la presencia de cuadros vinculados al espacio de Stratta que orbitan el municipio, viajan, se sostienen en cargos y alimentan una lógica de poder que poco tiene que ver con la crisis que dicen enfrentar. Nada de eso se discutió.

Y mientras tanto, en Sauce de Luna, la realidad es brutal: municipios que no llegan, que pagan con vales de comida, que hacen equilibrio para sostener lo básico. Esa postal tampoco apareció en la reunión.

Pero Frigerio tampoco salió limpio.

Porque si el gobernador realmente quisiera ordenar, habría dicho lo que corresponde: que no se puede reclamar ayuda mientras se sostienen estructuras políticas infladas, gastos discutibles y administraciones que no muestran austeridad real. No lo dijo. Eligió la comodidad. Eligió seguir “llevándola”.

Ese es el dato central: Frigerio administra el vínculo con el peronismo sin discutir en serio. Y puede hacerlo porque del otro lado tampoco hay decisión de confrontar de verdad.

Entonces pasa lo que pasó: se juntan, se sacan la foto, cada uno emite su comunicado y todos evitan el conflicto real. Nadie habla de la subordinación política, nadie habla del desorden interno, nadie habla del doble discurso.

El resultado es una política que funciona en piloto automático: intendentes que reclaman recursos sin revisar sus propias gestiones, y un gobernador que capitaliza esa debilidad sin exponerse a un debate de fondo.

No fue una reunión de trabajo. Fue un pacto de silencios.

Y mientras siga siendo así, Entre Ríos no va a discutir nunca lo que de verdad importa.