En Victoria, cuando el poder tiembla, el peronismo no improvisa: busca un reemplazo que garantice control. Y en ese menú aparece cada vez más seguido Víctor Sanzberro, hoy senador provincial por el departamento. No porque haya enamorado a nadie con ideas nuevas, sino porque encaja perfecto en la lógica del aparato: obediencia, rosca interna y una biografía de funcionario que viene de largo.
Lo que se comenta en voz baja —y lo que algunos ya dicen en voz alta— es sencillo: si se complica la reelección de Isa Castagnino, el plan alternativo necesita alguien “ordenable”. Y Sanzberro, para ese rol, calza como guante.
Un funcionario desde siempre… y la primera vez por el voto “grande”
Sanzberro no es un recién llegado. Su perfil es el del funcionario que hizo carrera dentro del Estado, con pasos por cargos y estructuras. Pero hay una diferencia clave: esta es la primera vez que llega a una posición provincial de peso por el voto, y no por designación o nombramiento indirecto. En política, eso se vende como “legitimidad”. En la interna, se usa como moneda de disciplina.
El problema —dicen en el propio PJ— es cómo se construyó esa llegada: una interna que dejó heridos y una promoción que muchos le adjudican al dedo del estrattismo. No hace falta que nadie lo confiese: en Entre Ríos, los ascensos se leen por fotos, silencios y padrinazgos.
El antecedente incómodo: el cargo de planta mientras era concejal
Hay un dato que lo persigue porque está documentado: Sanzberro renunció a un cargo de planta permanente en la Legislatura al que había accedido cuando todavía era concejal. Lo publicó UNO y también fue abordado en medios provinciales: se trató de un puesto estable que obtuvo en ese período y al que luego renunció ya como senador.
Ese episodio alimentó lo que en Victoria se traduce rápido: “vive del Estado” no como consigna ideológica sino como modo de supervivencia política. Para el ciudadano común, no hay matices administrativos: hay indignación simple.
El libreto del “economista” y el problema de la iniciativa
Sanzberro suele aparecer opinando de presupuesto, ajuste, endeudamiento y caja. Incluso dio definiciones públicas sobre la interna peronista y la disciplina partidaria.
Pero en términos de producción visible, su perfil luce más reactivo que propositivo: declaraciones, posicionamientos, alineamientos.
Ahora bien: para ser justos con el dato duro, sí registra proyectos en la web oficial del Senado (por ejemplo, comunicaciones y propuestas) y recientemente se difundió que presentó iniciativas vinculadas a transparencia en asistencia alimentaria.
El debate real no es si presenta algo, sino si tiene una identidad propia o si su agenda es la de siempre: acompañar el libreto del espacio.
Y ahí aparece el tono ácido que circula en la ciudad: se autopercibe economista. No es un tema de títulos —en la política entrerriana sobra gente que “opina de economía” sin serlo— sino de resultado: ¿qué transformó, qué ordenó, qué dejó funcionando mejor?
“DELFIN” útil: Michel, Stratta y Bahl
En la interna provincial, Sanzberro no suena por carisma. Suena por utilidad. La discusión por el liderazgo del bloque justicialista en el Senado lo puso en el centro: varios medios lo mencionan como opción para presidir el bloque o disputar ese lugar en un momento de tensiones internas.
Traducido: si el PJ necesita un presidente de bloque que no desordene, que no patee el tablero, que no tenga agenda personal que moleste, el nombre de Sanzberro aparece como un candidato lógico.
El rumor más pesado: pareja en IAPSER y “adscripción” a su oficina
Acá conviene hablar con precisión para no vender como certeza lo que hoy circula como acusación política: en Victoria se repite que su pareja tendría vínculo laboral con IAPSER y además estaría adscripta a su oficina. Eso, de confirmarse con documentación pública, sería un clásico del nepotismo criollo: Estado adentro para sostener lealtades y caja familiar.
l “plan B” que dice mucho del “plan A”
La pregunta de fondo no es si Sanzberro puede ser “plan B”. La pregunta es por qué el peronismo de Victoria necesita un plan B.
Cuando una gestión está sólida, los reemplazos no se conversan. Cuando una gestión se desgasta, el aparato se anticipa. Y si lo que aparece como salida es un nombre asociado a cargos, estructura, disciplina y dedo, eso también es un diagnóstico: el PJ local no está buscando renovación; está buscando control de daños.
Porque, en definitiva, Sanzberro no es una promesa. Es otra cosa: un engranaje. Y en la política entrerriana, cuando el poder entra en modo supervivencia, los engranajes siempre cotizan.

























