La Caldera

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PREOCUPADO POR SUS CAUSAS, Bordet se abroquela detrás de jueces y fiscales en la reforma previsional.

Después de ocho años de promesas incumplidas, Gustavo Bordet reaparece en el medio municipal de ROSARIO ROMERO en PARANA; para opinar sobre la reforma previsional y vuelve a refugiarse en los mismos sectores de poder que protegió durante su gobierno. Ahora pretende echarle la culpa a la pandemia, como si en esos años hubiera estado prohibido gobernar, debatir o legislar. Caraduras: para las fiestas, los privilegios y las roscas siempre hubo tiempo. Para hacerse cargo del desastre que dejaron, nunca.

Gustavo Bordet vuelve a hablar de la reforma previsional como si fuera un observador externo, un comentarista neutral de una crisis que hubiera caído del cielo. Pero no. Fue gobernador durante ocho años. Ocho años completos en los que tuvo poder político, mayoría, estructura, funcionarios, legisladores y tiempo de sobra para impulsar las transformaciones que hoy finge descubrir desde la tribuna. Por eso resulta obsceno verlo refugiarse ahora detrás de jueces y fiscales, buscando cobertura política y corporativa en medio de un debate que lo expone mucho más de lo que lo favorece.

Lo que Bordet intenta instalar es una coartada vieja, gastada, ofensiva para la inteligencia de cualquier entrerriano: la pandemia. Otra vez la pandemia. Otra vez el recurso fácil para justificar la inacción, el encubrimiento y la falta total de coraje político para hacer lo que durante años prometió y nunca hizo. Ya está. No pueden seguir currando con la pandemia. No pueden seguir usándola como excusa universal para tapar ocho años de simulación.

Porque si durante la pandemia estaba supuestamente prohibido pensar, reunirse o debatir una ley por videollamada, alguien tiene que explicar entonces cómo sí hubo tiempo para otras cosas. Hubo tiempo para las fiestas del poder mientras la sociedad estaba encerrada. Hubo tiempo para los privilegios de siempre. Hubo tiempo para las celebraciones, para las excepciones, para la doble vara obscena de una dirigencia que pedía sacrificios hacia abajo mientras hacia arriba se seguía viviendo como si nada. Si Alberto Fernández tuvo tiempo para la joda en Olivos, y si jueces y fiscales aquí también encontraron ocasión para moverse dentro de sus propias comodidades como el casamiento que organizo el ex diputado BAHLER con JUECES Y FISCALES, entonces que no vengan ahora a vender la pandemia como una parálisis institucional absoluta. Para lo que les convenía, siempre hubo tiempo.

Lo que no hubo fue decisión política para tocar intereses. Lo que no hubo fue voluntad de enfrentar las corporaciones que Bordet prefirió cuidar antes que gobernar. Lo que no hubo fue valentía para impulsar una reforma de fondo cuando todavía tenía el poder real para hacerlo. Porque la verdad es mucho más simple y mucho más brutal: Bordet no quiso reformar nada que pudiera incomodar a los sectores con los que convivió, negoció y se protegió durante su mandato.

Ahora, cuando arrecia la discusión pública y su figura carga con el peso de una provincia devastada, se muestra prudente, medido, “institucional”. No es institucionalidad: es autodefensa. No es responsabilidad: es cobertura. No es preocupación por los jubilados ni por el equilibrio fiscal: es el reflejo de una dirigencia que, cuando ya no puede exhibir gestión, corre a esconderse detrás de los mismos despachos judiciales y fiscales que durante años integraron el ecosistema del poder entrerriano.

Lo más indignante no es solo que hable. Lo más indignante es el tono. La suficiencia. La impostura. La caradurez de quien pretende despegarse de un desastre que ayudó a construir día por día. Durante ocho años no reformó, no saneó, no transparentó ni ordenó nada de fondo. Dejó crecer el déficit, consolidó privilegios, convivió con cajas opacas y administró la decadencia como si fuera un método de gobierno. Y ahora quiere aparecer como una voz razonable frente al incendio que él mismo alimentó.

Frigerio, por su parte, tampoco puede hacerse el distraído. Porque si realmente tuviera autoridad moral y decisión política, habría corrido del debate a todos los responsables del hundimiento provincial. Los habría señalado con claridad, sin medias tintas ni pactos de convivencia. Pero no lo hizo. Y al no hacerlo, deja abierta la puerta para que los mismos de siempre se reciclen como consejeros, analistas o comentaristas del desastre que protagonizaron. Así, los que fundieron la provincia siguen hablando como si fueran los dueños de la solución.

Lo cierto es que Entre Ríos no necesita escuchar otra vez a los responsables del fracaso explicando cómo salir del fracaso. Mucho menos tolerar que sigan usando la pandemia como cobertura moral de ocho años de cobardía política. La pandemia no puede justificarlo todo. No puede explicar cada omisión, cada mentira, cada privilegio preservado, cada reforma pateada, cada negocio blindado. Ya no. Esa coartada venció.

Bordet no está dando una discusión sincera sobre la reforma previsional. Está buscando abrigo político. Se abroquela detrás de jueces y fiscales porque sabe que el deterioro de la provincia, la descomposición del Estado y las cuentas pendientes de su gestión lo persiguen. Por eso habla así. Por eso posa de razonable. Por eso busca refugio corporativo. No para defender a Entre Ríos, sino para defenderse él.