La Caldera

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Paraná a los tiros: el Estado que no puede con el narco, pero sí con las mujeres

En Paraná el plomo manda y el Estado administra excusas. Matan a un pibe, balean a una nena, y cuando las mujeres salen a reclamar —con razón, con dolor, con desesperación— la “respuesta” llega rapidísimo: móviles, gas y balas de goma. Para el reclamo social hay reflejos. Para frenar la máquina de matar, no.

El crimen de Facundo Bracamonte dejó una postal que explica todo: por una muerte, se “acordó” una preventiva de 30 días porque eran menores. Treinta días. Por una vida. Ese es el mensaje que entiende el barrio: el sistema no castiga, regula; no corta, administra. Y mientras tanto, el territorio sigue siendo el mismo: armas, motos, amenazas, redes, balaceras.

¿Quién conduce esto? ¿Roncaglia? Si conduce, no se nota. Su policía se luce contra entrerrianos de a pie, pero frente al negocio grande —el que no se toca— siempre hay prudencia. Prudencia con el verdadero poder: el de la plata, las armas y la calle tomada.

Y la Justicia… la Justicia de García, con su cúpula bien peinada, su lenguaje de expediente y su costumbre de mirar para otro lado cuando la realidad huele a pólvora. Porque no hay política criminal para la minoridad: hay parches. Un rato adentro, otro rato afuera, y vuelta al mismo potrero donde la única “institución” visible es el narco. El Ministerio Público Fiscal debería ser conducción y estrategia; termina pareciendo una oficina de trámites que aparece cuando conviene y se borra cuando arde.

Lo de la droga es el secreto a voces más grande de Paraná: el “narcomenudeo” funciona como cacería de pobres. Se persigue al consumidor de barrio, al perejil, al que no tiene apellido ni abogado. Pero el negocio real —el que mueve caja, abastece, arma, lava y corrompe— no se toca. Porque tocarlo es peligroso. Y acá, el peligro lo paga siempre el mismo: el vecino.

Parana se ha convertido en una mini Rosario, todos los dias hay noticia de hechos violentos, con jovenes, balas, drogas, o como este caso ataques a inocentes, que pagan el precio de una justicia mas preocupada por la politica y sus cargos que por la gente, desconcetada absolutamente de la sociedad.

Por eso la gente pregunta si somos la nueva Rosario. No por las estadísticas: por el patrón. Bandas y balas para la noche; balas de goma para la protesta. Mano dura para madres. Mano blanda para el negocio.

Paraná no necesita discursos. Necesita que alguien, de una vez, tenga el coraje institucional de hacer lo que corresponde: romper el circuito de armas y plata, dejar de cazar perejiles, y entender que una ciudad no se gobierna a balazos contra su gente. Si el Estado solo puede ser fuerte con las mujeres que reclaman, entonces no es Estado: es un decorado con escopeta.