Hay que tener estómago para leer a Roberto Waldino Caminos pontificando sobre drogadicción en Victoria.
En una ciudad chica, donde todos se conocen y donde el mundo de la noche, el casino y la circulación de droga no son un secreto para nadie, su nombre no es precisamente ajeno a ese ambiente.
Por el contrario, el locutor y ex bolichero es uno de los que siempre aparece cuando se habla de ese ecosistema.
No se lo censura por el tema —que es dramático y urgente— sino por el lugar desde el cual se habla.
Porque en una ciudad pequeña, donde la noche tiene memoria y los nombres circulan, nadie es un observador ingenuo.Durante años, el nombre de Caminos estuvo asociado —en el comentario social persistente, no en la fantasía— al ecosistema del Casino Victoria, al mundo nocturno, al manejo de espacios VIP y a relaciones de cercanía con ese ambiente que hoy aparece señalado como parte del problema.
No se trata de una acusación puntual, sino de una percepción pública arraigada, conocida por cualquiera que haya transitado ese mundo.A eso se suma un entramado de vínculos políticos y familiares que tampoco es un secreto: cercanía con figuras de peso, presencia constante en estructuras de poder, y familiares con designaciones o funciones dentro del Estado.
Todo eso no convierte a nadie en culpable de nada, pero sí impide fingir ajenidad.Porque no es lo mismo hablar desde afuera que hacerlo desde adentro de un sistema de relaciones, favores, silencios y tolerancias que durante años naturalizó prácticas que hoy muestran su peor consecuencia: pibes rotos, familias desesperadas y hospitales desbordados.
También es público que existieron conflictos judiciales en su entorno —causas que no llegaron a sentencia, instancias de mediación, traslados funcionales (entre otras cosas su yerno investigado siendo fiscal en una red de narcotrafico, amigo intimo de Laura Stratta).-
Nada de eso autoriza condenas mediáticas, pero sí exige prudencia moral antes de erigirse en voz esclarecida.Por eso, más que indignación, lo que genera leer ciertas opiniones es una pregunta incómoda:¿se puede hablar del desastre como si uno no hubiera formado parte del clima que lo hizo posible?
Victoria no necesita discursos edulcorados ni conversiones tardías.Necesita memoria, coherencia y responsabilidad.
Hablar de drogadicción es hablar de una tragedia social profunda.Y frente a tragedias así, el silencio honesto suele ser más digno que la palabra altisonante.
HAY ALGUNO PERSONAJES QUE CON EL TEMA DROGA DEBEN LLAMARSE A SILENCIO ES ALGO GRAVE Y REQUIERE OPONION DE EXPERTOS NO DE CHARLATANES.























