EL DESAFIO DE SER LIBERAL EN B.A. Y BUSTIKIRCHNERISTA EN ENTRE RIOS.
Nos quieren vender modernidad con marketing: reels, slogans y la promesa de sacarnos de la “edad media”. Pero en Entre Ríos el problema no es la falta de una agencia nueva: el problema es un Estado colonizado y corrupto, que no se anima a tocar sus propias estructuras de poder. Y eso no se corrige creando otro ente, sino desarmando los que ya existen y funcionan mal.
La realidad es la que la gente ve todos los días. Se cortó por lo más delgado. En OSER echaron a trabajadores que cumplían funciones reales y quedaron los regalones de la gestión anterior. En la Cámara de Diputados aparece la nuera de Silvio Moreyra. En Acción Social, contrato nuevo para el hijo de Graciela Bar. Austeridad para el laburante, continuidad garantizada para los apellidos. Eso no es reforma del Estado: es simulación.
Mientras tanto, las estructuras pesadas siguen intactas. ENERSA continúa colonizada por militantes amarillos locales y porteños, OSER sigue siendo un refugio político, y nadie se anima a limpiar de verdad. Pero en lugar de ordenar eso, se anuncia una flamante “Agencia de Desarrollo”, con presupuesto, cargos y autonomía, como si el problema de Entre Ríos fuera que le falta un sello y no que sobran cajas.
La plata se va por arriba: JUJO, CARPI, el Hotel Ayuí, circuitos opacos que no mejoran ni la seguridad, ni la salud, ni la atención al ciudadano. Y encima nos quieren hacer creer que esta nueva agencia es la solución. No lo es. Es una solución porteña, pensada para lugares donde sobra presupuesto y el Estado puede darse el lujo de inventarse oficinas. Acá hay que gobernar a lo almacenero: ingenio, control, equilibrio fiscal real y un Estado chico pero eficaz.
El equilibrio fiscal en Entre Ríos no se pierde en el contrato menor: se pierde en un gobierno que gasta mal arriba, entre los ricos, los bien conectados y los que siempre caen parados. El verdadero cambio no es crear entes nuevos, sino animarse a decir “hasta acá” y ordenar el Estado en serio. Porque si la modernidad es más burocracia, más militancia y más opacidad, entonces no es modernidad: es la misma estafa de siempre, con filtro de Instagram.
























