La Caldera

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ENTRE RÍOS: TAN BAJA ESTÁ LA VARA QUE HASTA CASARETTO PREGUNTA “¿CUÁNDO SE VAN A DEJAR DE ROBAR?”

Entre Ríos es esa provincia donde no pasa nada y, sin embargo, pasa todo. Cambian los gobiernos, cambian los slogans, cambian los actos y los nombres de fantasía, pero las caras son las mismas, los circuitos son los mismos y el clima es el mismo: desorden institucional crónico, controles que no controlan, y una Justicia que mira el techo esperando que el escándalo se acomode solo.

En ese decorado aparece Marcelo Casaretto (COBRO DE BAHL CONTRATOS TRUCHOS ENTRE MUCHAS OTRAS PICARDIAS) con una placa dirigida a Rogelio Frigerio y a Manuel Troncoso: “¿Cuándo se van a dejar de robar?”. Y el disparador es tan grotesco como representativo: 35 millones de pesos para un “club de emprendedores” por un stand precario, montado como si fuera una kermés de presupuesto inflado. No hace falta ser experto: cuando el resultado es miserable y el monto es millonario, la pregunta es una sola y debería tener una sola respuesta: expediente, contratación, criterio, rendición, auditoría y responsables. Todo lo demás es humo.

Pero lo más revelador no es la placa. Lo más revelador es la naturalidad con la que Entre Ríos se permite discutir corrupción como si fuera un juego de tribuna. Porque acá la corrupción dejó de ser una excepción: se volvió lenguaje, se volvió método, se volvió forma de administrar poder.

Legislatura: pelea por IOSPER/OSER

En la Legislatura, salvo contadas excepciones, no hay agenda propia: hay obediencias, alineamientos, conveniencias. Y si hay un tema donde sí se pelean —pero se pelean de verdad— es en el IOSPER / OSER. Ahí se da el show completo: se acusan, se cruzan, se gritan… y lo más deprimente es que el ciudadano escucha a ambos bandos y concluye lo obvio: los dos sostienen, en los hechos, que el otro roba/o dinero de la salud. Y mientras se tiran con acusaciones, el sistema sanitario de los entrerianos sangra.

Esa es la radiografía moral de la provincia: no discuten cómo mejorar la salud pública; discuten quién maneja la caja y con qué relato. Uno acusa al otro de robar, el otro devuelve el golpe, y en el medio queda lo único que debería importar: la gente.

Una Justicia en “modo espera”

¿Y la Justicia? La Justicia, en términos generales, se comporta como si tuviera un protocolo interno: mirar para otro lado hasta que algo explote lo suficiente como para exigir una reacción de utilería. Y si explota, si el ruido es demasiado, si el hedor atraviesa la puerta, entonces aparece el recurso local de siempre: una “instrucción sumaria” de DON JULIO RODRIGUEZ SIGNES para simular que se investiga, para llenar una tapa, para calmar a la tribuna y para que al día siguiente el sistema siga igual.

En esa coreografía, el periodismo también juega su papel. No el periodismo de investigación serio, sino el periodismo pautero: el que vive de la relación con el poder, el que no pregunta lo que duele, el que editorializa con permiso. Un periodismo que funciona como tapa de Análisis de lo que el poder necesita instalar, y que —cuando conviene— convierte la “instrucción sumaria” en un hecho épico, aunque sea puro maquillaje.

Patronato, IAPSER, mutuales: el mismo folclore

Y mientras tanto, la provincia sigue con su folclore de siempre: fotos, sonrisas, actos armados, aportes cruzados y vínculos que se repiten como si el tiempo no hubiera pasado. Patronato, IAPSER, mutuales, convenios, acuerdos institucionales: siempre los mismos nombres orbitando los mismos espacios.

El caso de las mutuales no fue una anécdota. Hubo escándalo, hubo funcionarios que quedaron expuestos y hubo allanamientos judiciales en la investigación que salpicó a ese circuito. Zacarias terminó fuera del gobierno en medio de ese tembladeral. Y, sin embargo, el sistema siguió intacto. Cambian piezas, no cambia la lógica.

En esa lógica aparecen también Brufal, Marizza —el hombre de la “Cumbre Mercosur”—, los edificios de Kueider que se volvieron símbolo de una época donde el crecimiento patrimonial nunca encontró un correlato institucional serio de control. Todo convive. Todo circula. Todo se recicla.

La escena se repite como en los peores años: dirigentes posando como si no existiera memoria pública ni antecedentes, como si cada ciclo empezara de cero. Y el ciudadano mirando una postal conocida: Estado para la foto, caja para los amigos, control para nadie.

El colmo: Capibara XV

Y cuando uno cree que ya no puede sorprenderse, llega la puesta en escena perfecta: Capibara XV. Frigerio y Rosario Romero presentando un equipo de rugby con nombre importado —capibara— que en entrerriano se llama carpincho. No es el rugby el problema. No es el deporte. Es la frivolidad del mensaje.

Mientras la provincia discute 35 millones para un stand precario, mientras IOSPER/OSER es campo de batalla acusándose de robar fondos de la salud, mientras la Justicia parece esperar que todo se acomode solo, el gobernador y la intendenta celebran una marca simpática, una camiseta, una foto.

Ese contraste es el verdadero editorial: la estética del marketing sobre la crisis institucional.

Entre Ríos no necesita más logos. Necesita controles. Y eso es, precisamente, lo que no aparece en ninguna foto.

La pregunta que nadie responde

Si hubo 35 millones para un stand precario, no estamos ante una anécdota: estamos ante una señal. Y si el sistema permite que esa señal pase como si nada, entonces queda claro que el problema no es un hecho aislado: es el método.

En Entre Ríos, la corrupción se usa como arma de facción: hoy te acuso yo, mañana me acusás vos, pasado armamos un acto juntos. Y la Justicia, mientras tanto, en “modo espera”: lista para reaccionar solo cuando el escándalo ya es imposible de ocultar, y aun así, con recursos de utilería.

Por eso la provincia está como está: no porque falten discursos, sino porque faltan controles reales. Porque acá lo que abunda no es la indignación: lo que abunda es la impunidad administrada.

Y mientras sigamos en esta lógica —placas en vez de expedientes, sumarios en vez de sanciones, relato en vez de rendición— Entre Ríos va a seguir siendo lo mismo: una provincia donde “no pasa nada”… hasta que pasa lo inevitable.