En Paraná, EMPATUR se vende como “ente mixto” y herramienta moderna para promover turismo, eventos y marca ciudad. Pero en la práctica —y esa es la discusión política real— funciona como una estructura siempre sospechada de ser un brazo del Ejecutivo, con reglas de funcionamiento poco visibles y un nivel de control público que no está a la altura de la plata que administra. Por eso, más que un “ente de promoción”, EMPATUR terminó consolidándose como un espacio donde la política local ve algo distinto: una caja de gestión flexible, útil para mover recursos, contrataciones y favores sin la exposición de un área municipal tradicional.
Tal es el gradode de discrecionalidad que hasta el REY de los LADRONES, DIEGO LARA, hombre vinculado a los contratos truchos y puesto por ROMERO y BORDET en el tribunal de cuentas, obserbo el festival de viajes, gastos y siubsidios.-
La clave está en la palabra “mixto”. Un ente mixto debería implicar pluralidad real, debate interno, contrapesos, y participación efectiva de espacios independientes: privados, sociales, empresariales, técnicos, incluso académicos. Sin embargo, la percepción extendida es que esa mixtura es más de cartón que de verdad. EMPATUR aparece como un apéndice administrativo del Palacio, donde el poder real de decisión queda orbitando en el Ejecutivo y el resto cumple, en el mejor de los casos, un rol decorativo. Cuando la participación independiente no decide, no controla y no marca agenda, lo “mixto” se convierte en una etiqueta: sirve para el folleto, no para la transparencia.
Ese diseño —o ese uso— abre una sospecha recurrente: la existencia de un circuito estable de prestadores beneficiados por cercanía política. No hace falta inventar conspiraciones: la política provincial y municipal funciona hace décadas con una lógica elemental. Cuando un organismo contrata, pauta y mueve dinero sin mostrar con claridad sus expedientes, los mismos nombres tienden a repetirse. Y cuando los nombres se repiten, la conclusión social es automática: no es competencia, es club. EMPATUR queda entonces como el escenario perfecto para lo que la gente llama, sin vueltas, “los amigos del poder”: prestadores que orbitan cerca del Ejecutivo y que encuentran en esa estructura un canal menos expuesto para facturar.
El caso del globo aerostático estático usado como postal de promoción turística es el mejor ejemplo del mecanismo. El globo se ve: colores, fotos, redes, impacto visual. Pero lo importante no es la foto, sino el expediente. Porque un Estado serio no se mide por su marketing, sino por su trazabilidad administrativa: cómo contrató, qué modalidad usó, quién autorizó, qué se pagó exactamente, qué entregó el proveedor, cómo se verificó el cumplimiento y cómo se rindió el gasto. Cuando esa información no está a mano, el globo deja de ser una herramienta turística y pasa a ser otra cosa: un símbolo de la opacidad. En Paraná, parece que el globo flota alto; el expediente, en cambio, no aparece.
Y ahí entra la lectura política: EMPATUR no es una novedad ingenua, es parte de una forma de gobernar. En ese marco, el antecedente de Bahl colocando a “Lalo” Macri —señalado históricamente como “cajero” del bustismo— no es un chisme: es una señal. No porque una persona defina por sí sola la legalidad de un organismo, sino porque revela la lógica con la que se ocupan esos lugares: no se premia la transparencia, se premia la confianza política. En otras palabras: no se busca un ente independiente y plural; se busca un dispositivo confiable para el poder de turno. Y cuando la prioridad es la confianza interna del armado político, el control público queda siempre para después.
Quien reemplazo a LALO MACRI, fue ALEXIS BILBAO, un apellido cono conocido en la ,mayor estafa de la provincia que participo ROMERO y su circulo PIEROLA, LARA, URRIBARRI, ALLENDE, BAHL y todos los que robaron los 53 millones de dolares que faltaron de la legislatura.
EMPATUR, entonces, termina parado en una esquina complicada: quiere mostrarse como herramienta moderna de turismo, pero opera bajo la sombra de un problema viejo: la confusión entre lo público y lo político, entre promoción y caja, entre gestión y reparto. Si el Municipio quiere despejar esa sombra, no necesita discursos: necesita papeles. Publicar contrataciones, expedientes, montos, modalidades, proveedores, informes de cumplimiento y rendiciones. Lo básico. Lo que mata la sospecha. Porque mientras no se muestre ese circuito, la conclusión seguirá siendo la misma: EMPATUR no es un ente mixto; es un órgano del Ejecutivo con autonomía suficiente para gastar, pero sin transparencia suficiente para rendir.
























