La Caldera

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DANIEL ELÍAS, EL HOMBRE QUE CHOREO 16 AÑOS LA CAJA, AHORA DA CÁTEDRA

El ex presidente de la Caja de Jubilaciones de Entre Ríos vuelve a escena como opinador del sistema previsional, mientras avanza una causa por presunto enriquecimiento ilícito que ordenó una pericia contable sobre su patrimonio. Su nombre también quedó marcado por el escándalo de los haberes pagados a personas fallecidas, por su salida del organismo, por una adscripción cuestionada al Congreso y por una jubilación tramitada después de evitar volver a trabajar en la Caja.

Daniel Elías no es un comentarista externo de la crisis previsional entrerriana. No es un técnico retirado que mira desde lejos el derrumbe de un sistema. Fue, durante 16 años, el hombre fuerte de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Entre Ríos. Presidió el organismo desde 2004 hasta 2020, atravesando gobiernos peronistas y administrando uno de los resortes más sensibles del Estado provincial: la plata de los jubilados.

Por eso resulta obsceno que hoy aparezca dando cátedra sobre la Caja, como si no tuviera nada que explicar. Elías habla de reforma, de déficit, de gasto previsional y de consensos, pero su propia historia dentro del organismo está atravesada por causas, denuncias, sospechas y maniobras administrativas que todavía merecen una respuesta política e institucional seria.

La Justicia investiga si existió un incremento patrimonial desproporcionado de Daniel Antonio Elías durante su largo paso por la presidencia de la Caja. La causa por presunto enriquecimiento ilícito, iniciada en marzo de 2025, ordenó una pericia contable sobre sus bienes y puso bajo análisis su evolución patrimonial directa o a través de terceras personas. No se trata de una discusión menor: se investiga al funcionario que durante más de una década y media manejó el organismo previsional de la provincia.

A ese expediente se suma una marca que nunca terminó de aclararse ante la sociedad: el escándalo por el pago de haberes a personas fallecidas. En 2020, tras una investigación periodística, se abrió una causa por presuntos pagos indebidos vinculados a beneficiarios fallecidos. Elías se presentó espontáneamente ante Fiscalía, designó abogado y buscó explicar que se trataba de fallecimientos informados tardíamente. Pero el dato político quedó grabado: bajo su gestión, la Caja apareció asociada al absurdo de seguir pagando jubilaciones a muertos mientras el sistema previsional acumulaba déficit y los jubilados reales cargaban con las consecuencias.

Después vino la salida. Elías dejó la presidencia en 2020 y consiguió una adscripción para irse al Congreso de la Nación como asesor del entonces diputado nacional Marcelo Casaretto. Durante años siguió cobrando sueldo de la Caja mientras poco se supo públicamente de su tarea concreta en Diputados. Cuando el nuevo gobierno provincial revisó adscripciones y dio de baja la suya por irregular, Elías no volvió al organismo: pidió meses de licencia acumulada y luego inició el trámite jubilatorio.

Así se completa la postal: el hombre que administró la Caja durante 16 años, que se fue al Congreso, que evitó volver al organismo cuando le anularon la adscripción, que terminó jubilándose, y que ahora es investigado por presunto enriquecimiento ilícito, pretende ocupar el lugar de voz autorizada en el debate previsional.

El problema no es solamente Daniel Elías. El problema es una provincia que naturaliza estos recorridos. Funcionarios que llegan pobres a la función pública, administran cajas millonarias durante años, se rodean de privilegios, se mudan a zonas acomodadas de Buenos Aires, aparecen en redes con una vida muy distinta a la de cualquier jubilado entrerriano, y después vuelven a explicarles a los trabajadores cómo debe reformarse el sistema.

Mientras tanto, Entre Ríos tiene a Diego Lara en el Tribunal de Cuentas, controlando formalmente los números del Estado, pese a su propia historia política y sus cuestionamientos públicos. Es el mismo esquema: los nombres que deberían rendir cuentas terminan ubicados en los lugares desde donde se controla, se opina o se ordena el debate.

Daniel Elías es el símbolo perfecto de esa impunidad entrerriana. El funcionario eterno. El administrador de la Caja. El que se fue cuando explotaron las irregularidades. El que encontró refugio en una adscripción. El que se jubiló del mismo sistema que administró. El que hoy habla de déficit como si hubiera llegado ayer.

La Caja de Jubilaciones no necesita sermones de Daniel Elías. Necesita que Daniel Elías explique su patrimonio, su gestión, los pagos indebidos, su adscripción, su jubilación y el verdadero estado en que dejó el organismo después de 16 años de poder.

Porque en una provincia normal, Daniel Elías estaría dando explicaciones. En Entre Ríos, todavía lo invitan a opinar.