La Caldera

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Villaguay: la foto de Rosario Romero muestra un armado con eje en Parana que se desgrana antes de caminar

El encuentro de la Liga de Intendentes y la Liga de Concejales del PJ en Villaguay quiso venderse como una señal de reorganización del peronismo entrerriano, pero terminó dejando exactamente la imagen contraria: poca convocatoria, poco músculo y demasiada necesidad de fabricar volumen político donde no lo hay.

Rosario Romero volvió a intentar posicionarse como eje ordenador del PJ provincial, acompañada por algunos nombres previsibles: Adrián Fuertes, Isa Castagnino y un reducido grupo de dirigentes y operadores que vienen orbitando alrededor de su construcción. Pero la foto no transmitió conducción. Transmitió fragilidad. Más que una demostración de fuerza, pareció una reunión defensiva de un espacio que todavía no logra consolidarse ni entusiasmar fuera de un círculo muy chico.

La comparación con otros momentos del peronismo entrerriano aparece sola. Cuando Gustavo Bordet o Adán Bahl lanzaban su candidaturas internas, juntaban los tacos. Había volumen territorial, intendentes alineados, legisladores, estructura y una sensación clara de poder real. Podían gustar o no, pero había centralidad política. En Villaguay ocurrió exactamente lo contrario: una cumbre de tono menor, con demasiada rosca de aparato y escasa representación de un peronismo amplio.

La Caldera viene señalando desde hace tiempo que Romero intenta utilizar la Liga de Intendentes como plataforma de construcción personal, buscando proyectarse provincialmente desde Paraná, pero sin lograr todavía una referencia sólida hacia el interior entrerriano. Y eso se notó. Porque el problema ya no es solamente quién estuvo, sino quién faltó. Los ausentes pesaron más que los presentes.

Los bastoneros terminaron siendo Jorge Mesquida y Weiss, dos historicos lenguaraces de ROMERO que no pueden mostrar poco más que alineacion completa y sumision politica absoluta, no votos ni ideas. Demasiado poco para una dirigente que intenta mostrarse como síntesis del justicialismo opositor. La escena dejó gusto a armado cerrado, pequeño y excesivamente dependiente de operadores de segunda línea. Un esquema sin épica, sin mística y sin capacidad de irradiar poder hacia afuera de la mesa chica.

Tampoco alcanzó la presencia de Isa Castagnino para modificar el clima general. La intendenta de Victoria aparece cada vez más cerca de ciertos sectores del romerismo, la alfil de LAURA STRATTA atraviesa uno de lo momentos politicos mas criticos de una gestion que no convence ni a los propios, acomodos,m cargos, peleas con empleadfos municipales, desgobierno y una ciudad cada vez mas complicada. Nadie parece dispuesto a entregarse completamente a una conducción que todavía no demuestra fortaleza electoral ni territorial.

En el fondo, el esquema empieza a parecerse más a las viejas imposiciones de Sergio Urribarri que a los procesos de construcción política que alguna vez tuvo el PJ entrerriano. Mucha lapicera, mucha ingeniería interna y demasiada obsesión por acomodar dirigentes en una foto antes que construir representación genuina. Pero incluso ahí hay una diferencia importante: Urribarri imponía desde el poder y desde una estructura aceitada. Romero intenta ordenar desde un escenario de debilidad, fragmentación y desgaste.

Y eso explica el tono general que dejó Villaguay. No hubo clima de relanzamiento. No hubo sensación de renovación. No hubo demostración de fuerza. Hubo, en cambio, una foto flaca de un peronismo que sigue sin resolver liderazgo, discurso ni rumbo. Una reunión más parecida a una junta de supervivencia política que a la reconstrucción de una alternativa real de poder en Entre Ríos.

Porque en política el músculo se nota. Y cuando no aparece, también.

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