La Caldera

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PARANA: TRAS EL ESCANDALO CON LA LICITACION DE COLECTIVO URBANO RENUNCIO KATERINA STICKEL

Renunció la titular del área de movilidad y transporte en Paraná y el comunicado intenta bajarle el precio: “consensuada”, “motivos personales”, “en diciembre ya estaba hablado”. Perfecto. Pero en política, cuando un área clave explota, nadie se va solo por “agenda personal”: se va porque el costo de sostener la cara visible supera el beneficio de mantenerla. Y el transporte, hoy, es el principal foco de desgaste de la gestión municipal.

El punto no es la persona. El punto es el método. Porque mientras se anuncia recambio, el escándalo de fondo sigue igual: La Caldera viene señalando la pregunta que nadie responde con papeles sobre la mesa: se adjudicó a una UTE, pero aparecen indicios de que opera “otra cosa” (o, al menos, que la práctica no refleja con claridad el sujeto adjudicatario). Si eso es así, no es una discusión de nombres: es una discusión de legalidad, control y responsabilidades.

Y al mismo tiempo, el conflicto laboral se judicializa como si fuera un fenómeno meteorológico: choferes, continuidad de trabajo, pujas sindicales y una ciudad rehén de un sistema que no arranca nunca del todo. Cuando el transporte entra en ese espiral —empresa vs. trabajadores vs. sindicato vs. municipio— la autoridad de aplicación no puede actuar como espectadora. Es el concedente. Es el que firma, controla, sanciona y explica.

Entonces la renuncia funciona como lo de siempre: cambiar el fusible para que no se queme el tablero. Ponen a otro a coordinar, mueven las piezas, anuncian “reorganización”, y esperan que el tema se apague por cansancio. Pero lo que hace ruido no es el organigrama: es la falta de transparencia sobre qué se adjudicó, quién responde, cómo se controla y qué pasa cuando el servicio falla o cuando el esquema prometido no coincide con el real.

Si la intendencia quiere cerrar el capítulo, no alcanza con una renuncia. Hay una sola salida seria: documentos, informes públicos, control efectivo y responsabilidades claras. Porque cuando el transporte se convierte en un agujero negro de explicaciones, la gente no “se confunde”: la gente concluye. Y la conclusión siempre es la misma: que el negocio está primero, y el ciudadano después.