La Caldera

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JODA EN EL THOMPSON: Paraná: sin agua, pero con escenario


En Paraná, el agua se volvió un género de lujo: aparece, desaparece, vuelve con “normalización progresiva” y, cuando por fin asoma, hay que tratarla como a una visita importante: con cuidado, con respeto y con la heladera cerrada para que no se vaya. Pero la ciudad no se queda sin nada. Sin agua capaz, pero sin show jamás.
Mientras el vecino junta baldes, calcula si alcanza para el mate o para el baño, y aprende a distinguir entre “baja presión” y “nada de nada”, la política despliega su mejor talento: la gestión como espectáculo. Porque para lo esencial siempre falta algo, pero para la foto siempre sobra.
Ahí está Romero, en versión producción completa: luces, escenario, aplausos y colores que casualmente combinan demasiado bien con una candidatura. Se inaugura el relato, se presenta la grilla, se anuncia la fiesta. Y si alguien pregunta por el agua, la respuesta es casi un mantra municipal: “se normaliza en horas”. Horas que, en la vida real, son días. Días que, en campaña, son eternidades.
La Fiesta del Mate funciona como metáfora perfecta: el mate se hace con agua, sí… pero eso es un detalle técnico. Lo importante es la estética: la bombilla, la sonrisa, la selfie, el abrazo con el artista, el “qué lindo lo que estamos viviendo”. Total, el mate se puede cebar con promesas.
Y como toda fiesta necesita sponsors invisibles, aparece el reparto fino del poder: San José S.A. (o como se llame el colectivo cuando ya no es colectivo sino negocio). En Paraná, el transporte y el agua parecen hermanos: ambos funcionan cuando quieren, y siempre hay alguien explicando que “ya está encaminado”. Encaminado… hacia alguna parte que nunca es tu barrio.
La banda sonora también está lista. Entre el locutor de guardia, el conductor amigo, el aplauso fácil y la playlist de moda —Mario Pereyra, La T y La M— la ciudad se convierte en un festival permanente. Se canta, se baila, se agita. Y mientras suena el estribillo, la pregunta incómoda queda tapada por el bombo:
¿Cómo puede haber tanta organización para el show y tan poca para lo básico?
¿Cómo puede armarse una noche perfecta y no poder garantizar un día normal?
¿Cómo puede pedirse “uso responsable” al ciudadano cuando la responsabilidad de la infraestructura hace años que no aparece?
El truco es viejo: cuando la realidad es dura, se la cubre con entretenimiento. Se maquilla la precariedad con celebración. Se reemplaza el servicio por el evento. Se cambia el derecho por el “plan de contingencia”. Y si alguien protesta, la respuesta es moralina: “cuiden el agua”. Como si el problema fuera el balde del vecino y no la cañería del Estado.
Paraná no necesita más escenarios: necesita que funcionen las cañerías.
No necesita más actos: necesita servicios.
No necesita más marketing: necesita gestión real, silenciosa, eficiente… de esa que no se postea porque está trabajando.
Mientras tanto, acá seguimos: sin agua, pero con show.
Y en esta ciudad, parece que el único caudal constante es el de la propaganda.