La Caldera

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MAYA Y SU OBSESIÓN POR EL RIDÍCULO: AHORA PIDE UNIDAD

Héctor María Maya tiene una rara habilidad: cada vez que parece estar a punto de romper con las viejas políticas que condenaron a Entre Ríos al atraso, le agarra un ataque de responsabilidad pejotista y vuelve al mismo lugar de siempre. Pasa de revolucionario tardío a guardián de la unidad, de denunciante de la rosca a mentor de la rosca, de candidato antisistema interno a componedor del sistema que dice combatir.

El problema de Maya no es la edad ni la trayectoria. El problema es la contradicción convertida en método. Fue diputado nacional, senador nacional, candidato a gobernador, candidato a vicepresidente de Rodríguez Saá y delegado argentino ante la CTM de Salto Grande entre 2020 y 2024. Es decir: no viene de afuera de la política. Viene de adentro, del centro, del fondo y de la alfombra roja de la política tradicional.

En 2025, cuando quiso ser candidato, no hablaba de unidad como ahora. Hablaba de internas, de proscripción, de fraude, de Junta Electoral parcial y de intervención del PJ. Página Política registró que Maya pedía una nueva convocatoria a internas, una Junta Electoral “imparcial” y advertía que, si no tenía éxito, pediría la intervención del PJ entrerriano. APF también publicó que Maya solicitó la intervención del Partido Justicialista de Entre Ríos, denunció “acciones fraudulentas y proscriptivas” y apuntó contra el Consejo Provincial y la Junta Electoral.

Pero cuando esa pelea interna no le abrió la puerta, Maya hizo lo que tantas veces criticó en otros: se fue por afuera. Terminó compitiendo bajo el sello del Partido Socialista, con la lista Entrerrianos Unidos, acompañado por Gustavo Guzmán. Letra P lo sintetizó sin anestesia: el exsenador “será ahora candidato bajo el ala del Partido Socialista” y “por fuera del sello del PJ”. APF detalló que el peronismo llegó a octubre de 2025 partido en varias listas, y una de ellas fue precisamente la del Partido Socialista, con Maya como candidato a senador.

La aventura terminó como suelen terminar las patriadas de laboratorio: mucho discurso, poca calle y un resultado mínimo. Para el Senado, Maya llevó al Partido Socialista al cuarto lugar con apenas el 3,18% de los votos. Después de semejante excursión electoral, el viejo rebelde volvió a descubrir las virtudes de la unidad.

Ahí aparece el ridículo. Porque Maya no puede pedir unidad como si viniera de un monasterio democrático. No puede sermonear sobre responsabilidad partidaria después de haber jugado por afuera cuando no le dieron la lapicera. No puede presentarse como víctima del viejo aparato y, al mismo tiempo, correr de vuelta a abrazar al aparato cuando la realidad electoral le muestra que afuera no hay pueblo esperando: hay soledad, nostalgia y 3 puntos.

La postal es conocida. Cada vez que Maya queda fuera de la mesa, denuncia el sistema. Cada vez que intuye que puede volver a la mesa, se convierte en predicador de la unidad. No es renovación: es supervivencia. No es coraje: es cálculo. No es una propuesta para Entre Ríos: es el reflejo condicionado de una dirigencia que se resiste a jubilar sus mañas.

En el medio, Maya también tuvo gestos que lo ubican bastante lejos de cualquier cruzada contra el pasado. En 2023 defendió la presentación de Sergio Urribarri para intentar ser candidato a gobernador, con el argumento de que en materia electoral, ante la duda, debía favorecerse la participación. Después, en 2025, se subió al discurso de la renovación, criticó al peronismo provincial y dijo que los entrerrianos merecían “una opción decente”.

La pregunta entonces es simple: ¿cuál Maya habla? ¿El que defiende la participación de Urribarri? ¿El que denuncia fraude en el PJ? ¿El que pide intervención? ¿El que se va con el Partido Socialista? ¿El que saca 3,18%? ¿O el que ahora reclama unidad como si hubiera estado siempre cuidando la casa común?

Maya parece condenado a actuar una obra repetida: se indigna, rompe, denuncia, amenaza, compite, pierde y vuelve. Siempre en nombre de Entre Ríos, siempre en nombre del peronismo, siempre en nombre de una responsabilidad histórica que aparece justo cuando se le termina el margen personal.

La provincia necesita otra cosa. Necesita discutir producción, empleo, educación, jubilaciones, corrupción, obra pública, transparencia y futuro. No puede seguir atrapada en los berrinches circulares de dirigentes que hace más de veinte años prometen romper con la vieja política, pero se asustan cuando están demasiado cerca de hacerlo.

Maya no es el futuro que viene. Es el pasado buscando una silla más.

Y ahora, como si nada hubiera pasado, pide unidad.