Gustavo Bordet, José Eduardo Lauritto, Rosario Romero, Enrique Cresto, Laura Stratta, Adán Bahl y Adrián Fuertes fueron algunas de las figuras centrales del encuentro denominado «El Peronismo Debate» realizado en Concepción del Uruguay. A ellos se sumaron dirigentes como Guillermo Michel, identificado con el espacio de Sergio Massa, Victoria Tolosa Paz, ex ministra de Alberto Fernández, y Juan Manuel Olmos, uno de los principales operadores políticos del albertismo. La imagen dejó una conclusión difícil de disimular: el peronismo entrerriano sigue apostando a los mismos nombres que condujeron el partido durante los años que culminaron con la derrota electoral más importante de las últimas décadas.
La dirigencia provincial intentó presentar la reunión como un ámbito de discusión sobre el futuro, pero la composición del escenario mostró más pasado que porvenir. Bordet, Lauritto, Romero, Stratta, Bahl, Fuertes y Cresto integran la generación política que ocupó los principales cargos de gobierno, legislativos y partidarios durante buena parte de los últimos veinte años. Fueron los años en los que estalló la causa de los contratos truchos de la Legislatura, se multiplicaron las denuncias de corrupción y el peronismo comenzó un deterioro que terminó alejándolo del gobierno provincial.
La presencia de Michel, Tolosa Paz y Olmos tampoco aportó demasiado a la idea de renovación. Michel intenta construir una referencia política vinculada al massismo sin poder despegarse de las SIRA, mientras que Tolosa Paz y Olmos representan una de las experiencias nacionales más cuestionadas por el propio electorado peronista: el gobierno de Alberto Fernández. Lejos de mostrar una apertura hacia nuevos sectores o nuevas generaciones, el encuentro terminó reuniendo a dirigentes asociados a estructuras políticas que la sociedad ya juzgó en las urnas.
Lo más llamativo fue que, mientras desde el escenario se hablaba de debate y reconstrucción, nadie pareció dispuesto a explicar por qué el peronismo perdió la provincia ni por qué una parte importante de los entrerrianos decidió buscar alternativas por fuera de la estructura tradicional. La fotografía exhibió dirigentes, cargos y trayectorias, pero prácticamente ninguna autocrítica. Tampoco aparecieron respuestas claras sobre los escándalos que marcaron a la política provincial durante los años en que muchos de los presentes ocupaban posiciones de poder.
Por eso la imagen de Concepción del Uruguay terminó funcionando como una metáfora involuntaria. La banda sigue tocando, los músicos son los mismos y el repertorio tampoco parece haber cambiado demasiado. Mientras la dirigencia insiste en volver a reunir a quienes protagonizaron el ciclo que terminó en derrota, una parte creciente de la sociedad sigue preguntándose si el problema del peronismo entrerriano no es la falta de unidad, sino la ausencia de una verdadera renovación.





















