En la Entre Ríos del ajuste, del discurso anticasta y de la supuesta transparencia, Esteban Vitor parece haberse convertido en una especie de Adorni entrerriano: un hombre encargado de repetir el libreto oficial, defender lo indefendible y sobreactuar pureza institucional mientras a su alrededor crecen preguntas cada vez más incómodas.
Vitor no es un comentarista de redes. Es un hombre de poder. Y justamente por eso empiezan a pesar cada vez más los interrogantes sobre su entorno, sus vínculos y una llamativa expansión económica que merecería bastante más atención pública de la que recibe.
En ese mapa aparece Vision Motors, la concesionaria instalada en la zona del túnel, exhibida además en sus propias redes, y también la mención a una casa de cambio cuya adjudicación o habilitación despierta rumores persistentes en el ambiente político y empresario. La pregunta no es menor: ¿se trata apenas de crecimiento privado legítimo o de un nuevo caso de cercanía entre política, contactos y negocios?
El dato se vuelve más sensible todavía por el entramado de relaciones que rodea a Vitor. Su parentesco político con un miembro del STJER, los vínculos con sectores judiciales y su vieja sociedad legislativa con Juan Domingo Zacarías proyectan una sombra inevitable. No porque prueben por sí mismos nada, sino porque en Entre Ríos hace tiempo que el poder no circula por carriles separados: política, justicia y negocios suelen aparecer demasiado cerca.
Y el antecedente de Zacarías no ayuda precisamente a despejar sospechas. Su salida tras allanamientos, denuncias por enriquecimiento y los escandalosos movimientos de dinero que lo salpicaron junto al diputado Maier dejaron a la vista un modo de hacer política donde las fronteras entre representación pública, operatorias financieras y blindaje institucional parecen demasiado porosas.
Por eso la cuestión de fondo no es sólo Vitor. Es el sistema. Es la facilidad con la que algunos dirigentes levantan la bandera de la moral pública mientras a su lado florecen negocios, concesiones, relaciones familiares estratégicas y socios políticos de prontuario demasiado cargado.
La pregunta entonces queda planteada: ¿Esteban Vitor es apenas el vocero entrerriano del relato oficial o también la cara política de una estructura donde el poder se reproduce entre amigos, parientes y negocios?






















