La llegada del gobernador a San José, que debía mostrar gestión y obra pública, terminó envuelta en polémica. La suspensión del acto oficial, la posterior inauguración sin convocatoria amplia y las críticas de concejales peronistas y de Agmer Colón desplazaron el foco de la obra y dejaron al descubierto un clima político enrarecido.
La visita de Rogelio Frigerio a San José no dejó la imagen prolija que seguramente imaginaba la Casa Gris. Lo que debía ser una jornada de gestión alrededor de la ampliación del Hospital San José terminó convertida en una escena incómoda: acto suspendido, desembarco posterior sin exposición pública normal y una catarata de cuestionamientos políticos y sindicales.
En ese cuadro, la ausencia del intendente Gustavo Bastián añadió un dato imposible de ignorar. Sobre su viaje reina el hermetismo y en la política local la versión más repetida pregunta si el destino fue París. Pero el problema de fondo no pasa por el derecho del intendente a viajar, sino por otra cosa: por el momento elegido, por el silencio y por la desprolijidad institucional que quedó flotando en una jornada sensible para la ciudad. Esa postal, más cercana al blindaje que a la cercanía territorial, es la que generó ruido. Y aunque es legitimo que viaje, una opinion desde Paris lo ubica mas cerca de ADORNI que de un dirigente OPOSITOR reclamando.
Los concejales del bloque justicialista de San José apuntaron justamente ahí, cuestionaron la falta de institucionalidad y remarcaron que una actividad de esta importancia no podía terminar desarrollándose de manera cerrada, sin convocatoria amplia y de espaldas a buena parte de la comunidad. Agmer Colón, además, denunció que la visita se hizo prácticamente “de incógnito”, en un contexto de conflicto docente que el gobierno provincial prefirió esquivar antes que enfrentar.
Así, la obra quedó en segundo plano. Y ese es tal vez el dato político más fuerte. Porque nadie discute la importancia de mejorar el hospital. Lo que quedó bajo la lupa fue la forma. En pueblos y ciudades como San José, las formas importan. Importa si una inauguración se hace de cara a la ciudadanía o si se encapsula. Importa si el poder se muestra dispuesto a escuchar o si prefiere pasar rápido, cortar cinta y seguir viaje.
Días antes, Bastián había cuestionado públicamente al gobernador por la falta de presión sobre la Nación para recuperar fondos que corresponden a Entre Ríos, en medio de la asfixia financiera que golpea a municipios y provincias. Con ese antecedente, la llegada de Frigerio a San José ya cargaba tensión política previa. La ausencia del intendente no hizo más que subrayarla.
En definitiva, Frigerio fue a inaugurar una obra, pero San José terminó discutiendo otra cosa: suspensión, hermetismo, críticas y vacío político. Y cuando eso pasa, la foto de gestión pierde fuerza. Queda la obra, sí. Pero también queda la sensación de que algo importante se hizo sin la transparencia, la normalidad institucional y la cara visible que la ciudad merecía.






















