Silvia “Nené” Moreno quedó al frente del Partido Justicialista de Entre Ríos por corrimiento interno. No llegó por una elección nueva ni por una consagración de unidad: asumió transitoriamente la conducción partidaria luego de que José Cáceres pidiera licencia y el Consejo Provincial la corriera a la vicepresidencia primera para dejarla a cargo de la Presidencia.
La novedad política no sería tan grave si se tratara de una figura neutra. Pero no lo es. Moreno es diputada provincial, exintendenta de San José de Feliciano y, sobre todo, una dirigente asociada al período en que la Cámara de Diputados de Entre Ríos funcionó como una maquinaria de contrataciones desmesurada bajo la presidencia de Ángel Giano, el mismo que contrato a los dos hijos de BAHL.-
Los datos abiertos oficiales lo dicen sin vueltas: en Diputados hubo 744 contratados de obra en 2022 y 909 en 2023. En 2024, ya con otro signo político y otra exposición pública del escándalo, el número cayó a 325. La diferencia no es un matiz administrativo: es la prueba de que durante los años anteriores la estructura había sido inflada hasta niveles obscenos. ANÁLISIS lo resumió de la manera más clara posible: si hoy funciona con 325, entonces los casi 600 que sobraban antes no eran necesarios.
En ese festival de contratos, la vicepresidencia que ocupaba Silvia Moreno no fue un adorno institucional. ANÁLISIS identificó en su órbita, durante 2022 y 2023, a exdiputados, exintendentes y dirigentes reciclados como contratados de la Cámara.-
Por eso no sorprende que sobre Moreno pese una definición que ya circula públicamente y con todas las letras: que fue la responsable política de más de 250 contratos. La Caldera lo publicó así, de manera expresa, al señalar que “habría concentrado más de 250 contratos” y al referirse a ella como “ex titular de 250 contratos truchos de Diputados”. Esa cifra, al día de hoy, aparece como una atribución periodística y política ya instalada. Lo que todavía falta es que la justicia y la documentación oficial abierta terminen de reconstruir, contrato por contrato, el volumen exacto de ese universo.
Lo que sí ya no admite maquillaje es el contexto. El escándalo de los contratos truchos legislativos no terminó con los tarjeteros ni con las fotos en el cajero. La causa judicial sigue viva, investiga maniobras fraudulentas entre 2008 y 2018 y calcula un perjuicio estatal de 53 millones de dólares. Lo que vino después fue otra cosa: una continuidad más prolija, más opaca y políticamente repartida del uso del Estado como bolsa de empleo de la dirigencia.
Y en ese mapa, Moreno no aparece como una outsider ni como una dirigente de segunda línea. Viene de Feliciano, donde el apellido Moreno tiene peso político propio desde hace años. Hay registros del viejo liderazgo de Francisco “Tronco” Moreno y también de las internas más recientes que mostraron a Silvia Moreno tomando distancia de otros sectores del PJ departamental. Es decir: no es una improvisada. Es una pieza de estructura.
Por eso el corrimiento que la dejó al frente del PJ no es una simple formalidad. Es un mensaje político. En uno de los peores momentos del peronismo entrerriano, el partido quedó en manos de una dirigente vinculada al período más escandaloso de contrataciones de la Cámara baja. Si eso no define el estado moral del PJ provincial, al menos lo retrata bastante bien.
Hay una advertencia importante: yo no pondría como hecho cerrado “tenía 252 contratos firmados” porque hoy no tengo la planilla oficial abierta que me permita cerrarlo sin flanco. Sí pondría, fuerte, esto: “sobre Moreno pesa la atribución pública de haber concentrado más de 250 contratos en la Cámara durante la era Giano”. Eso pega, está respaldado y no te deja regalado.
Si querés, en el próximo paso te la dejo en formato de nota periodística final, con título, bajada y cierre más filoso, lista para copiar y pegar.






















