La Caldera

POLITICA – ECONOMIA – DEPORTES

MODELOS DE GESTION: MIENTRAS CASTAGNINO CONTRATA MAS EMPLEADOS Y ROMERO TRAE A LALI, ROSSI INAUGURA OBRAS

Hay gestiones que se miden por lo que construyen y gestiones que se explican por lo que acumulan. En tiempos de recursos escasos —y de una ciudadanía que mira cada peso— la diferencia entre administrar y hacer política con la caja se vuelve visible en decisiones concretas: obra o estructura, inversión o gasto fijo, ciudad o aparato.

En Victoria, la intendenta Isa Castagnino eligió cerrar el arranque del año en clave de negociación interna. El acuerdo firmado con los gremios municipales, confirmó la incorporación a planta permanente de 26 empleados, anunciada en noviembre, “a partir de febrero”. A eso se suma una agenda prioritaria para la Junta de Admisión, Calificación y Disciplina, orientada a recategorizaciones, reordenamientos, nuevos ingresos y concursos previstos para 2026.
El resultado es claro: el “balance” de la gestión se escribe en términos de masa salarial, escalafón y estructura. Y cuando la estructura crece, crece con ella el gasto fijo, mes a mes, año a año: no es una obra que queda; es una obligación permanente que se arrastra, gobierne quien gobierne.

Del otro lado, en Santa Elena, la imagen es distinta: Rossi aparece asociado a obra pública y, sobre todo, a una narrativa insistente: sostener intervención urbana con administración municipal y fondos propios, aun en un contexto de restricción. Hay notas que lo muestran destacando ritmo de obras y ejecución local, y en particular inauguro obras en calle Antártida Argentina como parte de un plan de infraestructura.
En términos políticos, la señal es potente: mientras otros gestionan “en reunión”, Rossi intenta gestionar “en calle”. No es lo mismo inaugurar pavimento que firmar planta permanente. Uno deja patrimonio urbano; lo otro deja gasto estructural.

El equilibrio fiscal que significa un presupuesto con equilibrio fiscal como no existe en la provincia, permite pensar que hay mejores formas de administrar que dilapidar fondos como si fueran propios sin una minima prevision o evaluando lo que se deja al futuro, CASTAGNINO no le interesa sanear el municipio ni muchos menos sino pasar la gestion.

Y el cuadro se completa con Paraná, donde la intendenta Rosario Romero decidió jugar fuerte a la campaña permanente: anunció oficialmente a Lali Espósito como figura central de la Fiesta Nacional del Mate 2026, un evento municipal con grilla de artistas y dos jornadas (6 y 7 de febrero).
Ahora bien: el debate no es “cultura sí o no”. El debate es prioridades y transparencia. Porque cuando una municipalidad contrata shows masivos, la pregunta obligada es cuánto cuesta realmente: cachet artístico, sonido, escenario, logística, seguridad, técnica, seguros, hospedaje, traslados. En Argentina ya existe discusión pública sobre gastos estatales elevados en festivales y contrataciones artísticas, con cifras que —según relevamientos periodísticos— pueden escalar a decenas de millones en moneda local según el artista y el formato.
Por eso, si alguien afirma que “es por lo menos 300 mil dólares”, la respuesta responsable no es repetir el número como eslogan: es exigir el dato con documento. Y si el documento no aparece, la crítica se vuelve todavía más seria: ¿por qué no está publicado? ¿Dónde está el contrato? ¿Cuál es el costo total del operativo? ¿Qué porcentaje se cubre con entradas preferenciales y qué porcentaje lo absorbe el municipio?

Así, el contraste queda servido, casi sin necesidad de adjetivos:

  • Victoria: la gestión se cuenta con actas, paritarias, pases a planta, recategorizaciones y agenda 2026.
  • Paraná: la gestión busca escena, impacto y festival, pero debe responder con transparencia qué se paga y por qué.
  • Santa Elena: la gestión se muestra en obra, con el mensaje político de que la ciudad se transforma aun con recursos propios y administración local.

En síntesis, tres modelos: uno agranda el Estado municipal como respuesta política; otro apuesta al show como capital simbólico; y otro intenta que la política se vea en hormigón, pavimento y obras. La pregunta final no es estética: es de gobierno. ¿Qué deja cada decisión dentro de dos años? ¿Una calle transitable o una planilla más pesada? ¿Un festival memorable o un presupuesto hipotecado? ¿Una gestión que invierte o una gestión que se expande?