Romero vuelve a hacer lo que mejor le sale: campaña permanente. Cuando no hay respuestas concretas para dar —porque Paraná está detonada, con calles rotas, barrios sin agua y una lista de reclamos que no entra en un flyer— la gestión se refugia en el show: mucha foto, mucha comitiva, mucho “acto”.
Esta vez el libreto fue perfecto. Medio gabinete, concejales, prensa y corte, para vender como “gran logro” una inauguración de plaza que, en los hechos, es apenas un retoque: algunos juegos, un ordenamiento mínimo, una mejora chica presentada como épica. No porque esté mal poner juegos o arreglar un espacio público —está bien— sino porque es obsceno el contraste: se monta circo para lo menor mientras lo esencial sigue sin solución.
Ya BAHL se cansdo de poner cemento de MARIZZA, L&C contrucciones, HEREÑU, y la CAMARA DE LA CORRUPCION en parques y plazas.
Con la Fiesta del Mate, cuestionada por todos lados por el costo, la oportunidad y el sentido de prioridades. En lugar de dar una explicación firme y transparente que cierre por gestión —qué se gasta, por qué, con qué control, qué se logra y cómo se compara con lo urgente—, la intendenta intenta correr la discusión a un terreno emocional: “el que pueda, que pague”.
Pero no es que la gente esté “en contra de que paguen”. Que exista un sector preferencial pago no es un pecado: es un esquema de financiamiento que, bien hecho, puede ayudar. El problema es otro: se vende como solución lo que, en números, apenas es un vuelto. Porque los preferenciales son pocos y los que pagan son pocos; la mayoría va a ir como siempre, sin demasiado interés por “la pulsera” porque el evento se vive más o menos igual desde el acceso general. Entonces la frase no suena a política cultural; suena a manotazo discursivo para maquillar un gasto que, según se comenta en la calle, va a ser enorme, LALI Y PEDRO contaran con medio millon de dolares mas para el AJUAR.
Y cuando la ciudad no tiene agua, cuando las calles parecen bombardeadas y la administración vive apagando incendios con comunicados, esa escena se vuelve intolerable: se gobierna para la postal. Se inaugura presencia, se inaugura relato, se inaugura agenda. Mientras tanto, lo básico —lo que no da aplausos pero da dignidad— sigue esperando.
Eso es lo que hay que preguntarse: ¿cuánto de todo esto es gestión y cuánto es campaña? Porque una fiesta puede ser cultura, encuentro y movimiento económico; pero una ciudad sin respuestas no puede sostenerse a puro escenario. Y menos todavía cuando la intendenta necesita mostrarse “en control” mientras Paraná, a la vista de cualquiera, está pidiendo otra cosa: agua, calles y gobierno, no circo.
























