La Caldera

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ROSARIO ROMERO abrio las sesiones: 0 autocritica, realidad virtual y promesas.

Hoy la intendenta Rosario Romero abrió las sesiones del Concejo Deliberante con un discurso prolijo, ordenado, cargado de ejes: obras, transporte, estacionamiento, LED, modernización, energía solar, espacio público. Un repaso que intenta transmitir dirección y gestión en un contexto económico difícil. El problema no es lo que dijo. El problema es lo que eligió no profundizar y lo que directamente no aparece.

AMNESIA DE LOS 20 AÑOS DE BUSTISMO

Romero habló del acceso por ruta 12 como una deuda de “más de 30 años”. Pero no es una dirigente que haya llegado ayer al poder. Fue parte del gobierno provincial, fue parte del esquema político que durante años administró prioridades y presupuestos. Cuando alguien que integró esa estructura presenta una obra histórica como si fuera un pasivo exclusivamente ajeno, la explicación queda incompleta. No alcanza con prometer que ahora sí se terminará: hay que explicar qué pasó antes, quién decidió, por qué no se hizo y qué responsabilidad tuvo cada actor.

Despapelizar no es transparentar

La palabra “despapelizar” suena moderna. Sugiere eficiencia, trámites ágiles, Estado inteligente. Pero en Paraná puede leerse de otra manera si no va acompañada de transparencia real. Porque cuando no hay un Boletín Oficial municipal claro, accesible y actualizado; cuando los decretos no se publican de manera sistemática; cuando los actos administrativos no están fácilmente disponibles para el ciudadano, lo digital no necesariamente aclara: puede también oscurecer.

La verdadera modernización sería empezar por lo elemental: digitalizar y publicar cada decreto que se firma, con sus anexos, montos, contrataciones y adjudicatarios. Que el vecino pueda ver en línea qué se decide y cuánto cuesta. Si eso no ocurre, “despapelizar” corre el riesgo de convertirse en una forma elegante de que las decisiones queden menos visibles.

El agua no es un ítem más

En el discurso el agua aparece como parte de un plan, mencionada entre otras obras. Pero para miles de vecinos no es un punto de agenda sino un problema cotidiano. Baja presión, cortes, redes deterioradas, obras que se anuncian y se dilatan. Cuando el agua es una preocupación constante, no alcanza con decir que se “continuará un plan”. Hace falta diagnóstico claro, plazos, montos invertidos, metas verificables y rendición pública de lo ejecutado.

El agua no es marketing. Es gestión básica. Y cuando falla, deja en evidencia que la infraestructura esencial no puede tratarse como un párrafo más dentro de un discurso anual.

El LED y el negocio de siempre

El plan de iluminación LED vuelve a presentarse como sinónimo de modernidad y seguridad. En abstracto, nadie discute que mejorar la iluminación es positivo. El problema aparece cuando la política pública no viene acompañada de transparencia absoluta en las compras.

Sin publicación detallada de pliegos, precios unitarios, marcas, proveedores y procesos de adjudicación, el LED termina siendo visto por muchos como otro capítulo del “compre, compre”, con sobreprecios y contratistas repetidos. En una provincia atravesada históricamente por escándalos en contrataciones públicas, la única manera de desactivar sospechas es abrir completamente los números. Si no se abren, la duda se instala sola.

La corrupción que no entra en el discurso

Pero hay algo más profundo que no se menciona: el esquema de poder que en Paraná muchos identifican como una verdadera mesa judicial. Un entramado donde los mismos que militaban políticamente hoy ocupan cargos en la Justicia. El que fue secretario cuando el marido era juez; el amigo del marido; el primo del marido; familiares que aparecen como peritos; vínculos cruzados entre fiscales, jueces y entornos cercanos. Una red de relaciones que, aunque formalmente legales, generan un problema evidente de confianza pública.

Ese entramado nunca será parte del discurso institucional. Porque nombrarlo implica admitir que el problema no es solo de gestión administrativa, sino de estructura de poder. Y ningún acto de apertura de sesiones está pensado para cuestionar la arquitectura que sostiene al propio sistema.

Entre el relato y la rendición

El mensaje fue correcto en las formas. Habló de escuchar, de ordenar, de modernizar. Pero en una ciudad cansada de promesas, la credibilidad no se construye con ejes temáticos sino con información verificable y decisiones abiertas.

Paraná no necesita solamente más anuncios. Necesita que se publiquen los decretos, que se expliquen las obras pendientes, que se transparenten las compras y que se asuma el problema estructural de la relación entre política y justicia. Sin eso, cada apertura de sesiones corre el riesgo de convertirse en lo mismo: un discurso prolijo que deja intactos los silencios más incómodos.