La Caldera

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LICITACIÓN RUTA 34: FRIGERIO Y DUDAS DE TRANSPARENCIA — ADJUDICAN A EMPRESARIOS DE LOS CUADERNOS POR “COMPRE LOCAL”

La licitación de la Ruta Provincial 34 nació con un rótulo fuerte: “internacional”. Pero el final del proceso dejó una escena demasiado conocida en la Argentina de la obra pública: no ganó la oferta más baja y la adjudicación terminó beneficiando a una UTE local asociada a nombres mencionados en la causa de los cuadernos.
Según los datos que circularon entre oferentes, la oferta más baja fue la de CPC y la segunda, Pitón–Pietroboni, con una diferencia del orden de $300 millones. En un contexto de ajuste y con el propio Frigerio proclamando que “cada peso tiene que ir donde corresponde”, la decisión es difícil de explicar: se elige gastar más y se lo justifica en el “compre local”, una preferencia que —en los hechos— vacía de contenido el carácter “internacional” del llamado.
La controversia no termina ahí. Lo que se “premia” como antecedentes aparece como una distorsión: se computa currículum, pero no prontuario. Porque no se trata de empresas recién llegadas: Pietroboni y su entorno empresario arrastran cuestionamientos públicos y antecedentes vinculados a la obra pública; y el país entero sabe qué significa que aparezcan conectadas al universo de “los cuadernos”. En síntesis: se presenta una licitación como internacional, se invoca el “compre local” para inclinar el resultado y se adjudica a un jugador con historia pesada en el mapa de la obra pública nacional.
Esto, además, abre un frente institucional inevitable: el Tribunal de Cuentas. En Entre Ríos hay memoria de intervenciones en grandes contrataciones, incluso en casos de alto impacto político: el ejemplo que circula es el antecedente de EUCA, cuando el Tribunal terminó mirando con lupa compras masivas y sobreprecios. La Ruta 34 es, por volumen de fondos y trascendencia, una gran contratación de manual. Y si hubo presentación ante el Tribunal de Cuentas cuestionando el proceso, el caso debería quedar bajo control estricto.
Pero ahí aparece otro dato que enciende alarmas: la alineación Lara–Frigerio en el esquema de poder provincial. Si el mensaje de transparencia es real, el sistema de control debería actuar con independencia y severidad. Si no lo es, el desenlace es previsible: un final oscuro para el planteo del que perdió, una validación formal, y la obra encaminada con el sello de “todo legal” aunque el sentido común —y el bolsillo del contribuyente— digan otra cosa.
Frigerio llegó prometiendo cortar con prácticas del pasado. La licitación de la Ruta 34, tal como terminó, lo devuelve a la misma foto: más gasto, preferencia discrecional, y adjudicatarios con sombra de cuadernos. Y cuando eso pasa en una obra financiada con crédito y anunciada como internacional, la pregunta no es maliciosa: es obligatoria.
¿Transparencia o repetición?