La Caldera

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ALVARO GABAS, un «renovador» del PERONSIMO DE CONCORDIA que intenta poner como virtuoso el saqueo del IOSPER

Álvaro Gabás escribio un articulo sobre la reforma previsional donde intenta presentar como virtuoso un esquema que, durante años, acumuló denuncias, sospechas y escándalos en torno al manejo de la obra social provincial. La comparación no sólo es débil: deja afuera lo que realmente pasó con el IOSPER.

Flaca comparación hace la ya histórica promesa de “nuevo” dirigente concordiense. En su columna publicada este 30 de marzo de 2026, Álvaro Gabás sostiene que con el IOSPER había “control de los propios trabajadores, participación real y contrapesos internos”, y que con la OSER ese esquema fue desmantelado por el Ejecutivo. También afirma que la reforma previsional impulsada por Rogelio Frigerio sería “el mismo plan” que se aplicó con la intervención de la obra social.

Pero esa defensa del viejo sistema omite lo esencial. Porque si algo quedó asociado al IOSPER no fue precisamente una experiencia ejemplar de administración obrera, sino años de cuestionamientos por desmanejos, privilegios, opacidad y un deterioro creciente de las prestaciones. Presentar ese modelo como si hubiera sido una garantía de transparencia y justicia social es, por lo menos, un ejercicio de amnesia política.

Gabás pretende rescatar el “control” del directorio obrero como si ese solo dato alcanzara para absolver todo lo demás. Y ahí está el corazón del problema: no se puede hablar del IOSPER en abstracto, como si hubiese sido una institución atacada injustamente por un relato oficial. Hubo durante años denuncias públicas gravísimas sobre el funcionamiento de la obra social, sobre prestaciones que no llegaban, sobre proveedores, sobre gerenciamientos, sobre excesos inadmisibles y sobre una estructura que, lejos de cuidar la caja de los afiliados, terminó bajo una sombra permanente de sospecha.

Por eso su argumento se cae. Porque no alcanza con decir que había representación de los trabajadores si esa representación no evitó el vaciamiento, el deterioro ni la pérdida de confianza social. Y menos todavía cuando la defensa del sistema parece ignorar que buena parte de la indignación pública nació del contraste brutal entre los padecimientos de los afiliados y la situación privilegiada de quienes manejaron durante años ese poder.

En rigor, el artículo de Gabás no defiende derechos: defiende un relato. Un relato según el cual toda crítica al IOSPER sería una excusa para avanzar sobre conquistas sociales. Sin embargo, antes de convertir al viejo esquema en bandera, habría que explicar por qué tantos entrerrianos recuerdan al IOSPER más por sus escándalos que por sus virtudes.

La discusión previsional puede ser legítima y merece darse con seriedad. Pero usar al IOSPER como ejemplo positivo, como si hubiera sido una reserva moral de participación obrera frente al ajuste, es directamente insostenible. No fue un faro de transparencia. Fue, para muchísimos afiliados, el símbolo de un sistema capturado, ineficiente y sospechado, donde mientras faltaban respuestas sobraban explicaciones.

Que el OSER funcione mal y con ALLENDE en lugar de MOREYRA Y CAÑETE como PATRON DE ESTANCIA no legitima los 17 años de sqqueo institucional.-